“Hace dos años leí OppianoLicario. Era la primera vez que leía algo de usted, y me pareció espléndido. Hacía mucho que no encontraba en un texto en español tantas de las cosas que busco continuamente en textos ingleses o franceses. Paradiso me confirma la alta calidad de su escritura, y me parece de una elemental honradez decírselo y agregar que lo considero un amigo del otro lado del mar” De la carta a José Lezama Lima. París, 23 de enero de 1957
“Desde que regresamos de Cuba me asaltan enormes bocanadas de irrealidad; aquello era demasiado vivo, demasiado caliente, demasiado intenso, y Europa me parece de golpe como un cubo de cristal, y yo estoy dentro y me muevo penosamente, buscando un aire menos geométrico y unas gentes menos cartesianas”
De la carta a Antón Arrufat. Viena, 3 de marzo de 1963
“Con mucho gusto te doy un texto mío para los Cuadernos que edita la Casa. Me hubiera encantado mandarte algo inédito, para que algo mío naciera en Cuba (allá nació ya una gran alegría, un mes muy hermoso que hoy es ya pura nostalgia). Sin embargo, te propongo una cosa… ¿Por qué no sacas “El Perseguidor” del tomo Las Armas Secretas y lo publicas por separado?”
De la carta a Antón Arrufat. París, 13 de junio de 1963
“El proyecto de editar “El Perseguidor” se ha transformado en algo mayor, la edición de una antología de tus cuentos en un tomo. (…) El libro saldrá a principios de año en las ediciones de la Casa (…). El pago de derechos, lo hemos acordado Calvert y yo, será un viaje a Cuba con Aurora, comidas en el Gato y descripción de piedras viejas, asunto que asumirá Calvert. ¿Aceptas esto también?”
De la carta de Antón Arrufat. La Habana, Octubre 22 de 1963
“Con alegría, con orgullo, con toda mi alma les digo que sí y los apoyo”.
De la carta a Antón Arrufat. París, 3 de noviembre de 1963
“Querido Roberto:
(…) Anoche me entregaron tu carta del 3 de junio (…), y te escribo bajo esa impresión maravillosa de que un poeta como tú, que además es un amigo, haya encontrado en “Rayuela” todo lo que yo puse o traté de poner, y que el libro haya sido un puente entre tú y yo, y que ahora, después de tu carta, yo te sienta tan cerca de mí y tan amigo. (…) allí está condensado todo, más acá de la palabra y de las meras razones: algo que es como un encuentro para siempre, un pacto que hace caer las barreras del tiempo y la distancia.
(…) Yo no sé cómo despedirme. Digamos que sigue en el capítulo…
Pero también un abrazo muy fuerte,
Julio
De la carta a Roberto Fernández Retamar. París, 27 de agosto de 1964.
“Mi más querido Julio:
Me pongo con el lápiz, o directamente con la máquina de escribir, a hacerte líneas sobre las cosas que nos exaltan y las que nos preocupan; sobre todo lo que tenemos que decirnos, y al cabo de algunas líneas desisto: tendría que escribirte páginas y páginas. (…)¿por qué intentar en letra escrita lo que sólo será dicho plenamente en letra viva?”
De la carta de Roberto Fernández Retamar. La Habana, mayo 23 de 1966
“Hoy llueve, hace frío, el árbol de nuestro patio está pelado y tonto. Y yo pienso en el malecón por las mañanas, ese sol, ese sol…”
De la carta a Marcia Leiseca. París, 18 de Febrero de 1967

Saignon (Vaucluse), 10 de mayo de 1967

Mi querido Roberto:
Te debo una carta, y unas páginas para el número de la revista que tratará de la situación del intelectual latinoamericano contemporáneo. Por lo que verás a renglón casi seguido, me resulta más sencillo unir ambas cosas…

Prefiero ese tono porque palabras como “intelectual” y “latinoamericano” me hacen levantar instintivamente la guardia (…). Súmale a eso que llevo dieciséis años fuera de Latinoamérica, y que me considero sobre todo un cronopio que escribe cuentos y novelas sin otro fin que el perseguido ardorosamente por todos los cronopios, es decir su regocijo personal. Tengo que hacer un gran esfuerzo para comprender que a pesar de esas peculiaridades soy un intelectual latinoamericano...

De la Argentina se alejó un escritor para quien la realidad, como la imaginaba Mallarmé, debía culminar en un libro; en París nació un hombre para quien los libros deberán culminar en la realidad. Ese proceso comportó muchas batallas, derrotas, traiciones y logros parciales. Empecé por tener conciencia de mi prójimo…

En 1957 comencé a tener conciencia de lo que pasaba en Cuba (…). El triunfo de la Revolución, los primeros años del gobierno, no fueron ya una mera satisfacción histórica o política; de pronto sentí otra cosa, una encarnación de la causa del hombre como por fin había llegado a concebirla y desearla. (…) En mi segunda visita a Cuba (…) me sentía en un punto donde convergían y se conciliaban mi convicción en un futuro socialista y mi regreso individual y sentimental a una Latinoamérica de la que me había marchado sin mirar hacia atrás muchos otros años antes…

Un abrazo muy fuerte de tu
Julio

“Humberto Peña (…) me dio tu estudio sobre Rayuela. ¿Qué podría decirte yo que no fuera, una vez más, esa sensación de maravilla, esa presencia de lo numinoso en la palabra que trae todo lo que escribes? Tú entablas el diálogo con las Sombras, tú te pones desde la primera línea en el punto de visión del minotauro, de la gran araña cósmica, tú ves… A ti puedo decirte esto: por primera vez he sentido un orgullo demoníaco frente a mi libro, y ese culpable (?) sentimiento te lo debo a ti. Ahora ya me puedo morir”.
De la carta a José Lezama Lima. Saignon, 7 de julio de 1968.

“La Habana, 10 de noviembre, 1968

Julio Cortázar
9 place du GéneralBeuret
París XV, Francia

Estimado Cortázar:
Todavía frescos sus telegramas, le escribo; digo sus telegramas porque hay más de uno y sobre todo uno dirigido a Padilla (…). Yo manejo muy mal los sentimientos con el lápiz, pero sí puedo asegurarle que con el corazón escojo hermanos (…).
Tal vez se pregunta, ¿por qué la respuesta a mí si firmamos más? Pues la respuesta es a usted porque mi admiración a usted no ha sido solamente al escritor, lo he respetado y admirado como lo que para mí vale más que nada, el hombre, el ser humano (…).
Cortázar, por más que deseo encaminar la carta a lo que deseo, no lo logro, hay todavía amargura, siento dentro de mi como un zarpazo ese telegrama suyo “reafirmamos solidaridad y apoyo toda acción que emprenda Casa de las Américas”, no Cortázar, no deseo de usted esa solidaridad para la Casa de las Américas, la deseo para nuestra revolución, como ha sido siempre, necesito de usted fe en esta revolución (…).
De todas maneras, como mi gran fe en el hombre artista que hay en usted, sigue, me permito decirle: Cortázar, confíe, tenga fe en lo verdaderamente grande, en hombre y pueblo que han sido ejemplo, que han sido audaces, en no dudar de darlo todo por tenerlo todo (…), hay que mirar alto, tan alto y tan firme que veamos una sola cosa, el hombre, no la clase, y una verdadera revolución permite jueces porque una revolución es de todos (…).

Haydée Santamaría”

“Mi querido Roberto:
Recibí muy rápidamente tu carta del 13, y ayer, para mi enorme alegría, el ejemplar de Rayuela tan cariñosamente dedicado y firmado por Lezama, Mariano, y tú mismo –con un espléndido ¡Coño!– que ocupa una gran parte del antilomo de ese antilibro. (…) por el momento me limito a mirarlo ahí sobre mi mesa, con su faja amarilla y su general fosforescencia (para no hablar de su volumen, que descorazonaría a cualquiera si no se sospechara que, al fin y al cabo, tiene sus cosas divertidas cada tantos capítulos)”
De la carta a Roberto Fernández Retamar. París, 2 de abril de 1969
“Querida Hayée:
A través de las informaciones de Prensa Latina acabo de tomar conocimiento de los pasajes más importantes del discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro en el acto de clausura del Congreso Nacional de Educación y Cultura de Cuba, así como de la Resolución Final de dicho Congreso.(…) con el deseo de facilitar la labor de la Casa de las Américas dentro de la orientación establecida por el Gobierno Revolucionario, le presento mi renuncia como miembro del Comité de Colaboración de la Revista de la Casa.
No creo que sea el momento de agregar todo cuanto podría decirle a la hora de firmar la carta más amarga de mi vida. Sepa, solamente, que mi solidaridad con la revolución y el pueblo de Cuba se mantiene invariable, y que nada habrá de impedirme apoyar con la sinceridad de siempre la labor cultural de la Casa de las Américas. A usted, como Directora, y a tantos compañeros y amigos que trabajan en la Casa, les hago llegar un afecto y una amistad que viene de muy hondo y que no cambiarán jamás.
Julio Cortázar”
De la carta a Haydee Santamaría. París, 5 de mayo de 1971
“Mi querida Haydée:
(…) te sé capaz de comprender tantas cosas que se escapan a otros; y porque te quiero y te respeto, y porque contra lo que sea y contra lo que venga estaré siempre con Cuba, a mi manera que por desgracia (¿por desgracia?) no es siempre la que se espera de mí (…).
En fin, Haydée, esas cosas sucedieron así, Fidel reaccionó como lo sabemos, y yo entendí que debía escribir el texto que tú publicaste en la Revista, gesto que te agradeceré toda mi vida. Ahora, en tu carta, tú me confirmas una actitud en la que las reservas y las discrepancias no excluyen la confianza e incluso la amistad.
(…) Haydée, gracias otra vez por tu carta, gracias por ese abrazo final que te devuelvo con todo mi afecto. Una vez más, mi amistad y mi solidaridad con la Casa. En lo peor de los equívocos, estoy seguro de que siempre habrá pájaros y nubes entre nosotros. Estaré siempre son ustedes, ya lo irás sabiendo.”
De la carta a Haydee Santamaría. París, 4 de febrero de 1972.
“Quiero agradecerte a ti y a todos los compañeros de la Casa la gentileza y el afecto con que me rodearon en estos días. Mi estado de ánimo estaba, lo sabes, por el suelo, y tanta amistad me hizo mucho bien y me ayudó a sobrellevar momentos de amarga depresión. Todo fue muy bello esta vez en La Habana, y no olvidaré la noche que pasamos con Fidel, su tuteo que retribuí con tanta alegría, y lo que charlamos a lo largo de esa reunión (…). Quiero que lo sepas, porque soy un hombre que sabe agradecer”
De la carta a Mariano Rodríguez. Managua, 22 de enero de 1983