LO MÁS NATURAL DEL MUNDO

La historia es conocida: cuando los fundadores de la Casa de las Américas entraron a este singular edificio que albergaba una variopinta galería de instituciones más o menos inútiles, no sabían exactamente por dónde empezar. A alguien se le ocurrió la feliz idea de organizar un concurso literario como forma de convocar a escritores de todo el Continente y de dar a conocer así la naciente institución. Pero hasta eso resultaba una tarea complicada en aquellos días, así que la no menos feliz idea de solicitar a Alejo Carpentier que preparara las bases del primer concurso, y que propusiera a muchos de sus jurados iniciales, estableció los cimientos de uno de los eventos culturales más conocidos de la región. Eso ocurrió hace casi 59 años, que son los que cumple este Premio Literario.

Dentro de un año, cuando cumpla seis décadas de existencia, valdrá la pena hacer balance de lo realizado y de los retos incumplidos, rescribir su historia (que ha sido un perenne desafío literario, económico, organizativo), repensarlo de cara a un futuro distinto, pero todo ello sin renunciar a lo logrado, a esa ambiciosa labor que parece irrepetible en cualquier momento y lugar. De momento seguimos adelante, como si la ingente tarea de reunir géneros populares con otros casi delirantes, lenguas diversas y jurados de cualquier sitio, fuera lo más natural del mundo.

EN PALABRAS DE SILVIO RODRÍGUEZ



Hace apenas unos meses la Casa de las Américas celebró los cincuenta años de aquel Encuentro de la Canción Protesta que reunió aquí –bajo la célebre imagen de la rosa y de la espina diseñada por Rotsgaard– a cantautores de diversas partes del mundo. Y cincuenta años se cumplirán el próximo 18 de febrero del primer concierto que ofrecieron juntos, en la que es hoy la sala Che Guevara, tres jóvenes que pronto se convertirían en figuras paradigmáticas de la nueva canción cubana: Pablo Milanés, Noel Nicola y Silvio Rodríguez.

No es un hecho fortuito que fuera precisamente la Casa el sitio que los acogiera ni que, en alguna ocasión, Silvio Rodríguez afirmara que la Casa de las Américas había sido el útero del Movimiento de la Nueva Trova. Nada de ello es explicable sin la descomunal figura de Haydee Santamaría, quien hizo de este sitio el espacio de encuentro que es, y quien comprendió, mucho antes que casi todos, lo que aquellos jóvenes estaban aportando –desde su lugar en apariencia excéntrico– a la cultura cubana.

Por todo ello es motivo de particular orgullo para la Casa que las palabras de constitución del jurado sean pronunciadas este año por ese cantautor y poeta tan ligado a esta institución y a su fundadora, a la vez que figura insoslayable del último medio siglo en nuestro país. Su obra puede ser entendida, en no poca medida, como banda sonora de la Revolución cubana, aunque sobrevivirá a la apasionada época que le dio vida.

PREMIO JAIME TORRES BODET

Esta edición del Premio Literario servirá de marco para la entrega formal a la Casa de las Américas –el miércoles 24 de enero– del Premio UNESCO/ UNAM Jaime Torres Bodet en Ciencias Sociales, Humanidades y Artes 2017. Se trata sin duda de un reconocimiento a la infatigable labor desplegada por la institución cubana a favor de la cultura latinoamericana y caribeña, y que se suma a un reconocimiento anterior otorgado a esta Casa por la propia UNESCO: el Premio Simón Bolívar en 2004.

Nos honra que en esta ocasión el galardón lleve el nombre de un admirado intelectual mexicano.

Cuando en 1967 la Casa celebró el “Encuentro con Rubén Darío” con motivo del centenario del gran poeta, invitó a participar en él al autor de Abismo y cima. Este no pudo asistir pero envió –al número que la revista Casa de las Américas dedicó al nicaragüense– un agudo y sentido texto titulado “Homenaje a Rubén”. La feliz coyuntura de este Premio nos permite devolver el gesto, y asumirlo también como un homenaje a la figura y la obra de Jaime Torres Bodet.