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María Lourdes Cortés
2007
  Textos selectos  
 

Fragmento del libro:

INTRODUCCIÓN

FRAGMENTOS DE UN CINE OCULTO
La producción de cine y video en Centroamérica es quizá una de las más desconocidas e invisibles de la cinematografía mundial. Los intentos cinematográficos de la región no sólo han debido sortear los problemas comunes de todo el continente latinoamericano, sino también los específicos que han hecho de Centroamérica la región más disputada por las grandes potencias durante los dos últimos siglos. El hecho de ser una franja de tierra y los intereses geopolíticos que se han jugado en ella han producido, en vez de integración, fragmentación y aislamiento entre los países, así como una tendencia a mirar hacia lo extranjero.
El audiovisual centroamericano ha tenido que surgir entre los escombros de las guerras y los desastres naturales; ha debido sortear dictaduras e invasiones y, sobre todo, ha peleado con pantallas copadas por las imágenes "siempre perfectas" del cine dominante.
A estas dificultades debemos sumar la falta de atención que los Estados nacionales han prestado a la comunicación audiovisual propia. Centroamérica no ha tomado aún conciencia de la importancia de las imágenes en movimiento. No se ha interiorizado la idea de que un país sin cine propio es un país invisible. De que las pantallas audiovisuales de nuestro tiempo son, como señala el cineasta argentino Octavio Getino, "el espejo sociocultural en el que una comunidad y cada uno de sus integrantes se proyectan y se autorreconocen, construyendo parte esencial de su identidad individual e histórica".1
En medio de todos estos obstáculos, reales y simbólicos, los centroamericanos hemos intentado producir imágenes de nuestra identidad, espejos propios en las pantallas cinematográficas. No obstante, la mayoría de las veces estos intentos han quedado sin continuidad o, peor aún, sumidos en el olvido. ¿Quién sabe que se produce cine en Centroamérica desde los años diez del siglo XX?, ¿quién recuerda que durante los años setenta y ochenta el cine centroamericano ganó premios internacionales e incluso un filme sobre el conflicto nicaragüense estuvo nominado al premio Oscar a la mejor película extranjera? Prácticamente, ninguna historia del cine
o antología de filmes latinoamericanos, para no decir, mundiales, menciona un título o a un realizador del Istmo. ¿Existe, acaso, el cine centroamericano?

CENTROAMÉRICA: ENTRE LOS CLICHÉS Y LA NADA
La "dulce cintura de América", como la llamó el poeta Pablo Neruda, es esa lengua de tierra que une los dos bloques continentales de América. Centroamérica corresponde a una comunidad de más de treinta millones de personas, asentada en la tradición y en el cruce de las más antiguas culturas de la América precolombina.
Conocida fundamentalmente como un conjunto de "repúblicas bananeras", como tierra de dictaduras, guerrillas y golpes de Estado, Centroamérica hoy se encuentra fuera del mapa de la guerra y en un proceso de consolidación como unidad económica y cultural.
Históricamente, se ha considerado que forman parte de esta región los cinco países que en la época colonial constituyeron la Audiencia de Guatemala: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Estos territorios, ahora separados, compartieron un pasado de región unida, de "patria grande". Geográficamente, el Istmo incluye a Panamá, el cual, si bien hace cien años formaba parte de Colombia, se ha ido incorporando de modo paulatino al resto de Centroamérica, en sus iniciativas, deseos y proyectos y comparte con sus vecinos diversos rasgos culturales. Diferente es el caso de Belice, el cual no obtuvo su independencia de Gran Bretaña hasta 1981 y que ha recibido más influencia inglesa que española, circunstancia que lo ha aislado del resto de la región.
El imaginario en torno a Centroamérica -y sus producciones culturales, concretamente el audiovisual- se ha movido entre las imágenes estereotípicas y la nada.
Durante el siglo XIX, múltiples viajeros europeos y estadounidenses -misioneros, científicos, lingüistas o simplemente aventureros- recorrieron Centroamérica dejando crónicas de sus viajes y, consecuentemente, imágenes de la región. Entre ellos, el alemán Helmut Polakowski, quien radicó en Guatemala y Costa Rica, consideraba que los centroamericanos tenían un origen "perverso", el cual era la causa de los problemas políticos:
A pesar de haber sido la primera región del Nuevo Mundo en ser colonizada y explorada, América Central despertó después poco interés por parte de los españoles, ya que el valor y la riqueza de los países mejor cultivados y desarrollados, como México y Perú, atrajeron la mayor y mejor cantidad de españoles, y a Centroamérica llegaron relativamente pocos, la mayor parte provenientes de clases peores y más pobres, tales como soldados, marineros, piratas, etc. Como es sabido, los españoles les prohibieron totalmente la entrada a las demás naciones de las colonias españolas.
Los centroamericanos heredaron de los españoles, además de la religión y la lengua, la pasión por los juegos, la xenofobia, la creencia de que el orgullo es la primera de las virtudes y que el trabajo es una vergüenza. La cortesía exquisita pero pesada de los españoles se ha convertido aquí en una amabilidad hipócrita, la cual raya en falta de carácter. Asimismo, y con razón, a los novohispanos les falta la famosa valentía, de los españoles. También está bien acendrado el fanatismo religioso, dando a veces tremendos esplendores, como por ejemplo en México. Además, a los centroamericanos les falta la vivacidad y la agilidad de los españoles, y esto se nota particularmente en la conversación. De sus antepasados heredaron la modestia en las necesidades vitales y el hábito de vegetar proporcionada y tranquilamente. Solo así se explica la posibilidad de que un hombre enérgico e intrépido se erija y se mantenga como presidente, al menos por algún tiempo, contra la voluntad de la mayoría. Este fenómeno se ha mostrado en todas las cinco repúblicas, incluso en tiempos modernos.2

En 1918, el investigador estadounidense Dana Gardner Munro escribió un libro sobre Centroamérica, el cual inicia justamente con la imagen de la región que se ha propagado en su país natal: "Muchas personas en Estados Unidos piensan en Centroamérica principalmente como tierra de revoluciones, gobiernos en bancarrota, presidentes que huyen y un paraíso para fugitivos de la justicia de países más poblados".3
Aún a mediados de los años cincuenta del siglo XX, la representación de la zona se reducía a estos mismos lugares comunes, como consideraba Charles V. Aubrun, en su historia de Centroamérica publicada en Francia:
"Si no se escucha ruido, les parece que duermen", escribió Montaigne en el Libro III de sus Ensayos. Cada año, un golpe de Estado, una revolución o una sublevación estallan repentinamente en algún Estado de América Central para abonar, por un instante, la crónica periodística y probarnos que allí no se duerme, o al menos que allí el marasmo tropical conoce peligrosos despertares.4

Las imágenes de región pobre, trópico adormecido, revoluciones constantes y desastres naturales no han abandonado, aún hoy, a Centroamérica. Somos una región "noticia" o no somos. No obstante, Costa Rica, incluida dentro de estas imágenes generalizadas, ha logrado construir su propia "identidad" a partir de la exclusión y la diferenciación del resto de Centroamérica.
La identidad costarricense se fundó, entre otros parámetros, mediante una orientación europeizante y un desprecio por lo centroamericano, el cual se basa principalmente en un componente étnico. Costa Rica se considera a sí misma una república blanca, de lo cual se desprendería el hecho de que sus gobiernos sean civiles y democráticos.5
Pero esta construcción también ha sido parcialmente asimilada por el resto del Istmo. Paradójicamente, Alberto Masferrer, intelectual y filósofo salvadoreño, relacionaba las diferencias raciales de Costa Rica con el carácter poco belicoso de su pueblo:
Lo que primero se nota cuando se llega a Costa Rica es aquello que tanto sorprendió a una señora que fue a Europa: "todos los indios son blancos". […] No hay pues indios. […] Siete u ocho mil extranjeros, los más españoles e italianos; un diez por ciento entre indios, negros, mestizos y mulatos; lo demás, pura raza española, de Galicia. Así, entre ellos y nosotros hay la diferencia sustancial de la raza.6

Las reflexiones del salvadoreño deducen que la paz es un asunto de raza -ausencia de indígenas-, lo cual hace comprensible la tendencia del costarricense a aislarse de los problemas de la región, para concluir: "Realmente, Costa Rica no es centroamericana sino como hecho geográfico".
Este imaginario centroamericano es el contexto en el que también se desarrolla -y se valora- la cultura cinematográfica de la región, en las pocas ocasiones en que ésta se visibiliza, porque la mayoría de las veces el cine centroamericano, para locales y extranjeros, simplemente parece no existir.
Georges Sadoul, el célebre historiador del cine mundial, en su clásico texto de más de ochocientas páginas, dedica al cine centroamericano menos de veinte renglones. De El Salvador, por ejemplo, señala que "aparentemente realizó un largometraje en colores hacia 1950".7A Costa Rica ni siquiera la menciona.
En efecto, El Salvador realizaba filmes a colores durante los años cincuenta, pero había producido un primer largometraje en 1927: Águilas civilizadas de V. Crisonino, E. Bianchi y A. Massi. En Costa Rica se filmaron imágenes nacionales desde 1907 y ya en 1930 se realizó un largometraje silente titulado El retorno.
El caso de las historias del cine específicamente latinoamericano no dista demasiado del panorama bosquejado. El brasileño Paulo Antonio Paranagua,8 en la sección consagrada a América Latina de la Historia general del cine, que apareció en diez tomos, no incluye ni una sola mención sobre la producción centroamericana.
En tanto, Augusto Martínez Torres y Manuel Pérez Estremera, en su Nuevo cine latinoamericano, tampoco incluyen nada sobre Centroamérica, salvo en el apartado "Otros países", donde ofrecen datos que no tienen gran relación con la cinematografía del área:
De los países de América Central, con una reducida extensión territorial y un escaso número de habitantes, tan sólo destacan Panamá donde hay una leve producción de cortos y largometrajes, así como que Sweet hunters (Ruy Guerra, 1969) tenga esta nacionalidad, tal como ha quedado subrayado, aunque por razones puramente burocráticas; y Guatemala donde esporádicamente se realizan largos y cortometrajes financiados por la Universidad de San Carlos, preferentemente de tipo didáctico.9

En Tierra en trance. El cine latinoamericano en 100 películas, de Alberto Elena y Marina Díaz López10 y en la Antología del cine latinoamericano,11 elaborada por un grupo de especialistas de México, Brasil, Argentina, Venezuela, Perú, Uruguay y Cuba, tampoco se incluyen películas de la región, aun cuando se mencionan producciones de países pequeños como Haití y Martinica, en la primera, y de cine chicano y del Caribe en la segunda. El libro Films des Amériques Latines,12 publicado en Francia en 2001, tampoco hace ninguna referencia a Centroamérica.
Otros estudios de indudable rigor académico, como El carrete mágico del inglés John King,13 cuando reseñan el área lo hacen con datos vagos, imprecisos e incluso erróneos. Por ejemplo, King señala La Xagua [sic] (1984), como el primer largometraje argumental de la región y consigna a Óscar Castillo como su director. El filme se titula La Segua, Castillo es su productor y protagonista, y existen, como decíamos, largometrajes de ficción desde 1927.
El único estudio que ofrece un poco más de información sobre las cinematografías de la región es el volumen Les Cinémas de l'Amérique Latine, coordinado por Guy Hennebelle y Alfonso GumucioDragon, el cual fue publicado en Francia en 1981. No obstante, dicho texto sólo existe en lengua francesa, data de hace veinte años y se encuentra fuera de circulación. De igual manera, la Historia del cine latinoamericano,14 de Peter Schumann, dedica varias páginas al cine de Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Panamá, y cuenta con información bastante precisa. El problema de dichos textos es que no se encuentran actualizados, ya que la investigación se concluyó en 1980. Aun cuando el libro de Schumann fue parcialmente puesto al día, los capítulos en torno a Centroamérica quedaron intactos.
Estas imprecisiones o ausencias no necesariamente son responsabilidad de los estudiosos foráneos. El cine centroamericano ha sido invisible hasta para los creadores e investigadores de la misma región. No fue sino hasta 2002 cuando nosotros mismos publicamos una investigación sobre cine costarricense bajo el título El espejo imposible. Un siglo de cine en Costa Rica. Al año siguiente, César del Vasto y Edgar Soberón Torchía publicaron una Breve historia del cine panameño (18952003). En El Salvador, dos grupos de estudiantes de las cátedras de Comunicación y Periodismo, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, realizaron sendas tesis de grado sobre cine salvadoreño, en particular sobre la época de los pioneros (18961960) y sobre lo que han llamado la "segunda generación de cine salvadoreño" (19601992). Sin embargo, estos trabajos universitarios, así como diversos artículos sobre el cine guatemalteco, especialmente el de la primera mitad del siglo, realizados por el historiador Edgar Barillas, en Guatemala, sólo circulan en ámbitos académicos. Al no existir estudios sobre la producción audiovisual centroamericana, se da la impresión de que es la producción la que no existe, como señala el mismo Barillas:
En Guatemala existe la creencia de que no ha habido cine nacional. De que no han existido cineastas, ni producción continuada de filmes. […] Si se abandona la idea que sólo las grandes producciones constituyen el objeto de estudio para la historia del cine y, por el contrario, asumimos que toda toma constituye fuente histórica de gran valor informativo y que es susceptible de ser utilizada para la reconstrucción histórica, se arribará necesariamente a la conclusión de que en Guatemala lo que no ha existido es Historia del cine guatemalteco. No se trata, pues, de que no haya habido cine nacional, sino que se carece de un estudio sistemático y objetivo de la actividad fílmica en el país.15
En este sentido, La pantalla rota. Cien años de cine en Centroamérica pretende llenar este vacío y dar a conocer las producciones audiovisuales más importantes de la región, sus realizadores y el contexto histórico, político y cultural que las generó. Intentamos establecer las líneas más definidas de esta producción en tanto región, los momentos fuertes y los posibles diálogos entre las obras, así como mostrar, a través de las imágenes en movimiento, la riqueza y complejidad de Centroamérica.
Este libro es sólo el principio, una historia "en construcción". Gran parte de los archivos cinematográficos del área centroamericana están dispersos en colecciones privadas y los que se encuentran en cinematecas nacionales, muchas veces son inaccesibles, debido al daño que pudieran sufrir los materiales. De igual modo, en la mayor parte de las ocasiones, estas cinematecas no presentan las mejores condiciones de conservación y catalogación.16 Esto sin refererirnos a la gran cantidad de filmes que se han extraviado, quemado o dañado durante el pasado siglo.
De igual modo, existe muy poca información impresa sobre los procesos cinematográficos de la región y la historia del cine en Centroamérica se ha escrito "por pedazos". Por lo tanto, si los historiadores nacionales logran sistematizar el recuento de sus propias cinematografías -existen varias en proceso- y si logramos recuperar los archivos dispersos y restaurar los materiales, este libro deberá reescribirse. En todo caso, era urgente dar un primer paso.
Creemos que la historia de la humanidad ha crecido gracias a la recopilación y el ordenamiento de su memoria, de sus proyectos y sus anhelos. Ésta ha sido la cantera de su porvenir. Sólo mediante el conocimiento del pasado se puede aprehender, comprender y sentir lo que ha sido el transcurrir del ser humano, su fiesta, su tragedia y la percepción que tiene de su futuro. Por lo tanto, esta historia de las imágenes audiovisuales de Centroamérica no sólo responde a la urgencia de rescatar la memoria fílmica, sino que pretende ser la base para un mayor desarrollo de la producción audiovisual en el futuro.

Notas
1 Getino, Octavio, 1996, p. 1314.
2 Quesada Pacheco, Miguel Ángel : Entre silladas y rejoyas. Viajeros por Costa Rica de 1850 a 1950, San José, Editorial Tecnológica de Costa Rica, 2001, p. 188.
3 Gardner Munro, Dana 2003 Las cinco repúblicas de Centroamerica. Desarrollo político y económico y relaciones con Estados Unidos, San José, Universidad de Costa RicaPlumsock Mesoamerican Studies, 2003, p. 47.
4 Aubrun, Charles V. : L'Amérique centrale, París, Presses Universitaires de France, 1952, p. 5.
5 Cfr. Taracena, Arturo y Jean Piel (comps.): Identidades nacionales y Estado moderno en Centroamérica, San José, Editorial de la Universidad de Costa Rica, 1995.
6 Masferrer, Alberto: "Costa Rica, notas rápidas", en Hombres, ciudades y paisajes, El Salvador, Universidad Autónoma, 1949, pp. 285-295.
7 Sadoul, Georges: Historia del cine mundial desde los orígenes hasta nuestros días, México, Siglo XXI, 1972, p. 382.
8 Paranagua, Paulo Antonio: Le Cinéma bresilien, París, Centre Georges Pompidou, 1987. Le Cinéma cubain, París, Centre Georges Pompidou, 1990. "América Latina busca su imagen", en: Historia general del cine. vol. X, Madrid, Cátedra, 1996.
9 Martínez Torres, Augusto y Manuel Pérez Estremera Nuevo cine latinoamericano, Barcelona, Anagrama, 1973, p. 225.
10 Elena, Alberto y Marina Díaz López: Tierra en trance. El cine latinoamericano en 100 películas, Madrid, Alianza, 1999.
11 Avellar, Juan Carlos et al: Antología del cine latinoamericano, Semana Internacional de Cine de Valladolid, 1991.
12 BlanquièreRoumette, Monique y Bernard Gille : Films es Amériques latines, París,
Éditions du Temps, 2001.
13 King, John: El carrete mágico, Bogotá, Tercer Mundo, 1994.
14 Schumann, Peter: Historia del cine latinoamericano, Buenos Aires, Legasa, 1987.
15 Aragón, Magda y Edgar Barillas: "Cine e historia social en Guatemala: imágenes de una década (los años treinta)", en: Revista Estudios, vol. 90, núm. 3, diciembre, p. 33 [Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas, Escuela de Historia, Guatemala]. 1990 "Guatemala: café, capitalismo dependiente y cine silente", en: Revista Estudios, IIHAA, Guatemala, núm. 190, p. 61.
16 Centro Costarricense de Producción Cinematográfica y Fundacine de Costa Rica tiene un proyecto de creación de una red de filmotecas centroamericanas, para el rescate y conservación del material aún sin restaurar.