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Ana Pizarro
2011
  Textos selectos  
 

Los discursos que han construido a la Amazonía tienen, respecto del resto de los de América Latina, la especificidad de lo fluvial. Son discursos muchas veces conducidos por la navegación, como en el caso de los descubridores, o el agua aparece como instancia previa y se intercala en ellos, como en el de los exploradores científicos. Son textualidades que reposan sobre el decurso, que se despliegan en una maraña de furos, igarapés, lagunas, tributarios, cachuelas, pongos, en una geografía de aguas que cuando no lo invade todo se hace presentir en su cercanía, en su permanencia, en su ritmo. Son los discursos de una nación de aguas. Nación en el sentido figurado de un área cultural formada por ocho países que tienen referentes comunes, con centro en el río y en la selva. Que despliegan una común relación de intensidad con la naturaleza y el medioambiente, que participan de una comunidad del imaginario que sólo cambia las denominaciones y así, la figura que en un extremo del río se llama curupira, en el piedemonte andino, en la región de su nacimiento, toma del nombre de chullachaqui. Con una imagen a veces protectora, a veces hostil, ambos son temidos por defender la selva de quienes la invaden, por la malicia de su trato, por su figura de pie defectuoso o con los pies al revés. Ambos son figuraciones de un mismo perfil: la milenaria resistencia de la naturaleza a la injerencia del hombre.

Los latinoamericanistas hemos desarrollado nuestra labor en direcciones diferentes a lo largo del siglo XX, en que los estudios sobre la zona cultural latinoamericana adquirieron su perfil y fueron definiendo su objeto. Durante la segunda mitad de este período y fundamentalmente a partir de los años setenta, se comenzó con lentitud a trabajar en base a la percepción de la diversidad del continente, centrada en algunas áreas que pluralizan su perfil internamente, por una parte en matrices culturales distintas, por otra en función de la evolución histórica de éstas.

Es así como se ha observado el área andina y mesoamericana, se ha delineado el área sudatlántica, en los últimos decenios se ha avanzado en el conocimiento del área Caribe y se comienza a incorporar al conjunto latinoamericano el espacio cultural brasileño. El proceso de dislocación territorial que se vivió a fines del siglo XX generó esta nueva área de estudio que conocemos ubicada fuera del continente en relación a lo que se ha llamado “los latinos” (chicanos, nuyorricans, dominicanos, etc). El espacio amazónico, no obstante, prácticamente no ha sido considerado en los estudios de la cultura latinoamericana. Se trata de un espacio que ha sido visto como el más alejado del desarrollo a pesar de que fue uno de los primeros en donde llegó la modernización en América Latina, durante el período del caucho, y hoy es un centro de investigación científica y tecnológica de punta en cuanto a biodiversidad, recursos hídricos, industria farmacéutica y otros. Nos parece además un área fundamental en las perspectivas de futuro no sólo en América Latina, sino de la humanidad, por cuanto es un reservorio de la mayor biodiversidad del planeta y de recursos minerales centrales para el desarrollo energético, así como de recursos hídricos que, tal como se percibe la situación hoy, serán la posibilidad de sobrevida en el futuro.

Pero, además, la Amazonía pone en evidencia formas de miscigenación cultural que no tienen parangón en el continente, así como diversidad de formas de vida humana y de relación con la naturaleza que nos permiten situar polos de referencia en la visualización de un mundo en donde se pueda resituar al hombre en una relación de equilibrio con la naturaleza, en el centro de la acción humana. Si la civilización, como ha sido concebida, ha sido construida en oposición a la naturaleza (Laville y Leenhardt, 1996) y hemos llegado a un punto en que peligran las generaciones futuras, el universo amazónico, por sus especiales rasgos de perfilamiento, nos permiten pensar que la llamada “civilización” necesita construirse de otro modo y, por lo menos, en la integración con la naturaleza. Son todas estas interlocuciones del hombre con el mundo, en la relación que expresan los imaginarios, en los lenguajes en que nos habla el mundo simbólico los que entregan a esta área cultural una configuración especial, con rasgos bastante propios dentro del conjunto latinoamericano.