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se podría contar la historia de la literatura en la América
Latina y el Caribe durante las últimas cuatro décadas,
sin tomar en cuenta el Premio Literario Casa de las Américas,
primer acto de proyección internacional de la institución,
convocado por primera vez en 1959 con el objetivo de estimular y difundir
las letras del Continente.
Importantes personalidades de las letras del ámbito latinoamericano
y caribeño han estado vinculados al Premio ya fuera como jurados,
premiados, o en ambas condiciones, incluso más de una vez.
La repercusión internacional del concurso constituye una prueba
del alcance, la originalidad y la vigencia de este encuentro anual
desde 1960, al que concurren escritores consagrados y noveles.
"Al convocarse el Premio Casa en 1959 no tenía (o casi
no tenía) pariguales, y hoy esos pariguales han florecido en
otros países como hongos tras la lluvia. Es algo de lo que
nos regocijamos, y una de las consecuencias felices menos comentadas
de nuestro Premio. Y es también un desafío para nosotros.
Sobre todo, para los jóvenes que están entre nosotros.
Hay que inventar cosas nuevas, por las cuales el implacable futuro
espera. En 1959 (fui testigo de ello) no era previsible que la literatura
de nuestra América iba a alcanzar el reconocimiento mundial
de que pocos años después disfrutaría. Y claro
que me refiero a algo mucho más dilatado que el ruidoso fenómeno
con el controvertido nombre de "bum", como lo llama David
Viñas, y que estuvo integrado por grandes, pero pocos escritores.
Muchísimos más, anteriores, coetáneos y posteriores,
se han beneficiado de aquel reconocimiento, y sin duda otros esperan
su turno. Ningún comentarista de buena entraña podría
negar que la Casa de las Américas (en particular su Premio
Literario) ha desempeñado un importante papel en esto. Jactarse
del hecho carece de sentido. Lo que interesa es qué va a pasar,
cuando nuestra literatura lleva décadas de hombrearse con otras
grandes literaturas del planeta, pero, como suele ocurrir, ya no es
una novedad. Hoy tiene que luchar a brazo partido, a pura literatura
(aunque no necesariamente a literatura pura), sin tener detrás
un movimiento revolucionario continental que fue su caja de resonancia,
al margen de las actitudes de los autores hacia él; sin que,
para decirlo en términos bruscos, esté de moda." |
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Roberto Fernández
Retamar |
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