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Al encuentro del teatro latinoamericano

Vivian Martínez Tabares

Hace apenas un año, el maestro de todos Santiago García, por más que se resista a serlo, reclamaba con pasión una acción concreta para encontrar, en el contexto de los festivales de teatro, espacios de convergencia en los que el intercambio trascendiera la muestra de montajes y se pudieran discutir y evaluar los problemas del teatro latinoamericano actual. La exigencia estaba contenida en una entrevista que recibimos en Conjunto justamente cuando empezábamos a armar esta temporada de teatro latinoamericano y caribeño, y mientras editábamos la revista se convirtió para nosotros en una provocación directa.
Esta tercera edición de Mayo Teatral, nació desde su concepción misma con el propósito de reunir en la Casa de las Américas una muestra representativa y variada del quehacer de la escena latinoamericana, que favoreciera el conocimiento y reconocimiento entre los artistas participantes, asumiendo con plena conciencia la variedad de expresiones y tendencias estéticas que puede caracterizar la teatralidad o las teatralidades hoy, y que permitiera al público cubano el rencuentro con grupos y figuras que corrían el riesgo de convertirse en leyenda o en el mejor de los casos en referencia bibliográfica para unos pocos, y el contacto con otros colectivos y artistas, cuya labor nace o se consolida en la última década, con propuestas que exigen del público un reajuste de la percepción al uso, al menos en el contexto cubano, y que retroalimentan el sentido esencial del teatro.
Otro objetivo importante era complementar ambos propósitos a través de un Conjunto de talleres, conferencias y desmontajes que permitieran profundizar en los procesos de trabajo y en los presupuestos ideoestéticos que sostienen la labor de algunos de los principales hacedores de la múltiple escena latinoamericana y caribeña.
Y si para la temporada pesó la memoria colectiva de los Festivales de Teatro Latinoamericano de los años 60, organizados por la Casa y pioneros como propuesta de autorreconocimiento desde la escena, extendida luego a Manizales, Londrina, Córdoba, Bogotá o Caracas, entre otros, sentimos que era para nosotros un deber y un derecho ineludible, dentro del mismo espíritu, retomar el espacio de debate y afirmación que representaran las ediciones del Encuentro de Teatristas Latinoamericanos y del Caribe, celebradas en 1981, 83 y 87, y que dieran lugar a acciones como la creación de la Escuela Internacional de Teatro de América Latina y el Caribe, como singular experiencia pedagógica itinerante y no académica, articulada con la vida del teatro en la región.
Las mismas razones que impidieron una continuidad regular para los espacios del Encuentro son, en estas circunstancias, las que reclaman de nosotros una nueva mirada, sin nostalgias pero sí con una perspectiva de productividad frente a las acciones globalizadoras -ya mucho más que una amenaza-, para repensar aspectos como la identidad o la movilidad de las identidades, en contextos que se reconfiguran a partir de los desplazamientos humanos motivados por las difíciles condiciones políticas, económicos o por la violencia, y las singularidades de diversas experiencias de diáspora; o sobre la memoria y las estrategias de recuperación que se imponen a los discursos homogenizadores; o sobre la noción de grupo defendida por el Teatro La Candelaria como un dinosaurio gozoso que lejos de extinguirse crece. Y que a punto de cumplir treinticinco años de creación artística continua, y de una ética profesional inseparable del compromiso con su realidad, es motivo de alegría que nos provoca a dedicarles de manera especial este Encuentro.
Cómo se articula el teatro con la vida en cada espacio de la múltiple geografía latinoamericana y cómo podemos validar la unidad dentro de la diversidad en las condiciones de hoy. Qué sentido tiene hoy el grupo, entendido como núcleo medular en la organización de una expresión colectiva y con qué alternativas nuevas habrá de coexistir. Cómo fortalecer la comunicación real, humana y vital tan raigal al teatro y cómo seguir llegando, desde una instancia como la revista Conjunto -hoy también multiplicada en decenas de publicaciones teatrales de alcance variable-, no sólo a los acontecimientos más relevantes sino sobre todo a aquellas expresiones "que no encuentran cauce bastante para su difusión", como enuncian nuestros créditos. En qué direcciones podemos y debemos movernos de "Conjunto" para que esta temporada, que cuenta con la colaboración generosa del trabajo artístico y pedagógico de cada uno de los artistas que nos visitan y del apoyo de varias instituciones, crezca y consolide su vocación de diálogo abierto.
Los invito a compartir sus sueños y sus desvelos, sus necesidades y descubrimientos, sus proposiciones y singularidades, para pensar otra vez y entre todos el futuro del teatro latinoamericano.