Emociones del actor
. Teoría de las emociones-tareas
Elly
A. Konijn
El objetivo del arte teatral es
emocionar y conmover. La actuación dramática reposa
esencialmente en la expresión y la transmisión de
las emociones de los actores y los personajes, de donde se desprenden
a su vez las emociones de los espectadores.
La representación de las emociones es un elemento central
del trabajo del actor. Al estudiar la relación entre el actor
y su personaje, mi intención es vincular la representación
de las emociones de la obra, en diferentes teorías de actuación,
como el método de las acciones físicas o la interpretación
brechtiana, a los análisis psicológicos corrientes
de las emociones tal como se sienten en la vida cotidiana.
La mayoría de las teorías de actuación dramática
apuntan con frecuencia al trabajo del actor en el ensayo y no en
la representación. Ahora bien, es importante desarrollar
una teoría que tome en cuenta las exigencias específicas
de la representación en el estudio de las emociones. Una
documentación empírica sobre la representación
de las emociones por parte de actores profesionales ha mostrado
que lo que llamamos emociones-tareas -las emociones vinculadas a
la acción de cumplir con una tarea en la escena-1 tienen
importancia capital para el actor. A partir de esas observaciones
se ha podido enunciar una teoría de las emociones-tareas.2
Trataré de formular aquí las condiciones que permiten
una representación adecuada de las emociones en la escena.
TEORÍA DE LAS EMOCIONES-TAREAS
Desde hace mucho tiempo, una pregunta es objeto de infinitas discusiones:
¿Debe el actor sentir las emociones del personaje representado
para realizar una interpretación conveniente, y provocar
la emoción en el espectador frente a la acción dramática?
La paradoja del comediante, de Diderot (1773) desempeñó,
por supuesto, un papel capital en esas discusiones; ahora bien,
un estudio empírico reciente, realizado con una amplia muestra
de actores profesionales holandeses, belgas y estadunidenses, indica
que los actores casi nunca sienten las emociones de los personajes
que representan, independientemente de cuales sean esas emociones.3
Por ende, en el momento de la representación, las emociones
del personaje aparecen como ilusiones. Con independencia del estilo
de actuación, estas no se reflejan en las experiencias emocionales
de los actores.4 Sin embargo, los actores no actúan sin emoción.
Dicen sentir intensamente un conjunto importante de emociones independientes
de las del personaje que se representa.5 Por lo tanto, las emociones
en escena se podrían interpretar como emociones-tareas vinculadas
a las exigencias del trabajo, y a las tareas de la actuación
que los actores realizan en escena, así como a la necesidad
de cumplir con tareas vinculadas a la actuación y a la situación
de representación.
De modo que por muy triste, espantoso o trágico que sea el
destino de sus personajes, por lo general los actores sienten intensamente
emociones-tareas concretas que difieren de las supuestas emociones
del personaje. Entonces, ¿cómo se puede comprender
la expresión de las emociones del personaje a la luz de las
emociones-tareas del actor? La teoría de estas últimas
sostiene que la situación de representación constituye
en sí una fuente de emociones intensas para el actor, que
trata de realizar lo mejor posible las tareas vinculadas a la actuación
ante un público crítico y atento. La radiación
de las emociones-tareas y de las aceleraciones que las acompañan
aumenta el poder de convencimiento, y contribuye a la vitalidad
de la expresión. Da una ilusión de espontaneidad a
las emociones del personaje. El actor conforma las emociones-tareas
de forma tal que su manifestación en escena esté acorde
con la expresión de las emociones del personaje tal como
las percibe el espectador.
LA FORMACIÓN DE LAS EMOCIONES-TAREAS
Según la creencia popular, las emociones dependen únicamente
de la interioridad del sujeto. Por el contrario, en la psicología
cognitiva moderna, esas emociones existen y aparecen en una interacción
con el acontecimiento.6 La teoría cognitiva de las emociones
afirma que las emociones son reacciones funcionales vinculadas al
bienestar del individuo, a su preocupación por llenar las
exigencias del medio y por establecer relaciones. En consecuencia,
esas tendencias a la acción relacional, sentidas como impulsos,
son esenciales al proceso emocional. Si las exigencias de una situación
dada afectan los intereses de un individuo, aparece una emoción:
ya sea porque los intereses del individuo se ven amenazados o porque
la situación ofrece la posibilidad de satisfacer intereses
personales.7 Por lo tanto, el interés motiva el comportamiento
emocional. El resultado de la interacción entre los intereses
individuales (o preocupaciones individuales) y las exigencias de
la situación ha sido denominado estructura de significado
vinculada a la situación (situational meaning structure,
según Frijda) o el llamado de la situación. Según
Frijda, esa estructura situacional constituye la base para una experiencia
emocional y define una emoción específica. En consecuencia,
el contenido de las emociones de los actores en escena se debe definir
mediante la estructura de significado de la situación desde
el punto de vista del actor.
Al describir la estructura de significado de la situación
del actor en escena se deben poner de manifiesto, por una parte,
sus principales preocupaciones y, por la otra, los componentes particulares
del contexto situacional relacionado con esas preocupaciones. Al
observar la actuación bajo un ángulo psicológico,
podemos identificar en los actores profesionales al menos cuatro
preocupaciones principales vinculadas a su profesión.
La primera es la necesidad de ser considerado un actor competente.
Para adquirir la competencia y las técnicas que permitirán
satisfacer las exigencias del medio y los deseos y las emociones
propias de un individuo, el desarrollo personal y la autoestima
se consideran necesidades fundamentales vinculadas al concepto de
competencia.8 Es interés del actor mostrar su destreza y
su competencia para representar a un personaje, que serán
probados en una confrontación directa con el público.
Un actor que carezca de competencia no podría disimularlo
en público. Por demás, realizar tareas complejas ante
el público requiere un nivel elevado de competencia.9 Esto
pone de manifiesto por qué es tan importante la preocupación
del actor por su competencia en escena.
La segunda preocupación tiene que ver con la imagen que el
actor tiene de sí mismo. La formación de esta última
está estrechamente relacionada con el interés por
crear una impresión en los demás y con la preocupación
por la aprobación y el reconocimiento. De modo que no se
desea dañar la imagen personal al desprestigiarse. La gestión
de su imagen y su presentación se consideran pulsiones fundamentales
del comportamiento humano en situación social.10 Una amenaza
a la imagen de uno puede despertar emociones intensas, en particular
cuando toda esa gente lo está mirando. La transmisión
de una buena imagen es importante para la reputación profesional
del actor y su autoestima. El actor debe responder a las expectativas
de los espectadores de una manera u otra, e impresionarlos. No sólo
será juzgado como personaje, sino también como actor
y como persona.
Por lo general, presentarse ante un público -por ejemplo,
hablar en público- se considera particularmente estresante.11
En estudios empíricos se ha demostrado que el nivel de estrés
de los actores durante la representación es muy elevado.12
Entonces, es correcto identificar una tercera categoría de
intereses fundamentales y de motivaciones en el actor: la necesidad
de suspense.13 Esta última categoría está vinculada
a una tendencia general de la personalidad y depende de la necesidad
de excitación y suspense, del deseo de participar en actividades
que impliquen cierto riesgo, en el sentido físico o social.
Supongo que esa necesidad existe en los actores que, en su profesión,
escogen exponerse casi a diario a esas situaciones de tensión.
El cuarto interés del actor está relacionado con motivaciones
estéticas. El deseo de crear algo bello, de ser creativo
y original, es una necesidad esencial del artista en una representación.
Wang afirma que "[...] el desarrollo emocional en los artistas
de la escena está motivado por una necesidad urgente de belleza".14
El actor puede realizar sus ambiciones estéticas en la composición
artística del espectáculo, gracias a ciertos hallazgos
a nivel de la actuación, y de la demostración ligera
de las emociones del personaje. Por ejemplo, el actor puede apreciar
la belleza con la que representa la cólera de su personaje.
En ese caso, no se hace hincapié en el hecho de entrar en
el personaje, sino de sentir placer en la acción de interpretar
la cólera según cierta estética. Sin embargo,
ese interés estético puede verse amenazado si el director
pide que se actúe de una manera diferente, que el actor considera
desagradable.
Por consiguiente, la situación en la representación
es una situación potencialmente emocional para el actor,
por el simple hecho de que ciertos intereses primarios se activan
a partir del momento en que aparece en escena para mostrar sus competencias
artísticas. Las emociones que va a provocar la situación
dependerán de las estructuras particulares o de los componentes
de la situación de representación. La evaluación
de la situación que hace el actor sólo toma en cuenta
un número limitado de dimensiones. Se puede considerar que
ocho componentes de la situación de representación15
tienen una importancia fundamental, es decir, son capaces de amenazar
los intereses del actor de teatro profesional en la ejecución
de su tarea. Estos componentes constituyen la estructura de significado
de la situación del actor en escena.
Durante una representación, la estructura de significado
de la situación está dominada por el hecho que el
actor es consciente de la presencia de espectadores que lo evalúan
en función de sus expectativas y tienen una actitud crítica
hacia lo que está representando. Por consiguiente, la evaluación
de la situación incluye el estimado del alto nivel de objetividad
y de realidad de la situación en escena.16 Según Frijda,
para provocar una verdadera emoción, la situación
se debe considerar verdadera y afectar realmente los intereses del
individuo. Evidentemente, estas son las condiciones que el actor
profesional encuentra en la situación de representación.
Como dije antes, el hecho de actuar ante un público es ya
una prueba. La ejecución de las tareas de la actuación,
es decir, la representación convincente de las emociones
del personaje y la necesidad de cautivar y emocionar a los espectadores,
es una tarea difícil y compleja. De modo que el actor debe
enfrentar un elevado nivel de exigencia en las actividades de su
profesión. Sólo puede mostrar sus competencias -que
serán evaluadas de inmediato- dentro del período relativamente
breve de la representación. De acuerdo con la teoría
de las emociones, la dificultad de la situación y la urgencia
de las exigencias -los espectadores lo esperan todo enseguida- crean
emociones muy intensas.
Para responder a la dificultad y a la urgencia de la situación,
el actor debe controlarse mucho, en relación con las competencias
de la actuación, las exigencias de la situación y,
en cierta medida, la atención del espectador. Incluso si
el personaje está completamente fuera de control, el actor
debe dominar la situación en todos los niveles. El nivel
de control percibido y el valor que se da a los resultados esperados
son factores determinantes para definir la dirección de una
emoción: positiva o negativa. En opinión de Frijda,17
ese valor -valencia- está en función del grado intrínseco
de atracción o de repulsión de que puede ser portadora
una situación, y de la capacidad de un individuo para superar
los riesgos potenciales de fracaso para transformarlos en una interpretación
lograda. El éxito y el fracaso tendrán una enorme
repercusión sobre el actor, sus aspiraciones estarán
profundamente comprometidas o totalmente satisfechas.
Por último, el grado de falta de familiaridad y el carácter
sumamente exigente de la situación de representación
son importantes para definir la calidad y la intensidad de la emoción
específica estimulada. Una situación familiar es más
fácil de controlar, pero puede volverse aburrida. Aspectos
no familiares de la situación -como un público específico
una noche de representación o la vigilancia de otros actores-
demandan la capacidad de atención del actor en la medida
en que intervienen en el estimado de los riesgos potenciales de
una situación concreta.
La estructura de significado de la situación -llamado- del
contexto de la representación entraña emociones asociadas
a las exigencias de la correcta ejecución de la actuación,
y la realización del trabajo es a lo que llamo emociones-tareas.
La reformulación del proceso de emociones generales por las
emociones específicas del actor en el momento de la representación
nos permiten presentar el cuadro siguiente, considerado desde el
punto de vista del actor:
FORMACIÓN DE LAS EMOCIONES-TAREAS
DEL ACTOR EN ESCENA
La estructura de significado de la situación del actor en
escena resultante de la formación de las emociones-tareas
corresponde a la estructura del desafío.18 En efecto, el
surgimiento de riesgos potenciales, la dificultad y la urgencia
de ejercer un control, una valorización más bien positiva
de la situación, cierto grado de falta de familiaridad y
el carácter sumamente exigente de la situación son
los componentes de la estructura de significado del desafío.
Cuando fracasa el control, la estructura de significado situacional
que entraña la confrontación con el público
se convierte en una amenaza; entonces, el riesgo de fracasar es
demasiado grande y la situación adquiere una valencia negativa.
Se considera que el desafío es una emoción fundamental
en el momento de llevar a cabo las tareas de la actuación.
Si los ensayos han sido buenos, por lo general el actor experimenta
sensaciones positivas de concentración, excitación,
tensión, valor, presencia de ánimo, fuerza, vivacidad,
etc. Cuando el actor desentraña los desafíos que se
perciben en una situación dada, se obtiene una experiencia
óptima de fluidez y concentración que convergen en
lo que se debe hacer.19 Desde el punto de vista teórico,
se considera que el desafío es una emoción que se
integra a la situación de actuación capaz de influir
sobre el comportamiento del actor en escena.20
De acuerdo con la teoría de las emociones-tareas, la situación
de representación actual y el contexto de trabajo constituyen
una fuente de emociones tal para el actor que no le deja espacio
para emociones personales o imaginadas, como las del personaje.
La importancia de los intereses vinculados a la tarea, así
como las exigencias situacionales presentes en la situación
del actor en escena, explican el predominio de las emociones-tareas
sobre una eventual implicación del actor en las emociones
del personaje.
Por otra parte, creo que existen dos sistemas de emociones incompatibles.
Cuando las emociones-tareas actúan, no pueden aparecer las
emociones prototipo, las del personaje.21 A la inversa, cuando el
actor está sumergido en emociones prototipo, no puede realizar
una interpretación satisfactoria, para la que se requieren
emociones-tareas. Esta hipótesis abre la vía a eventuales
investigaciones psicológicas que van más allá
del marco de los estudios teatrales.
Las emociones-tareas y las emociones que el actor debe representar
en escena como personaje no son de la misma índole, las estructuras
de significado situacionales son muy diferentes. Las emociones particulares
de los personajes dependen principalmente de las emociones prototipo
o emociones básicas,22 como la ira, la tristeza, el amor,
el odio, el miedo.
NIVELES DE ACCIÓN
En los análisis de la representación de los estudios
teatrales, se identifican diferentes niveles de funcionamiento o
de existencia simultáneos del actor en escena:
- El actor está en escena como persona privada, con los elementos
de su vida cotidiana
- Se comporta en escena como un artesano, esforzándose por
realizar sus tareas de actuación, o su trabajo, lo mejor
posible;
- Existe a nivel del modelo interno o de la imagen intencional -deseada-
del personaje, en su imaginación
- Funciona a nivel del personaje representado efectivamente en escena.23
El hecho de identificar diferentes niveles de acción implica
que también se deberían distinguir diferentes niveles
de emociones, aun cuando no se puedan señalar en los estudios
teatrales. A cada nivel de acción se puede determinar una
capa emocional. En la escena, el actor debe funcionar con cuatro
niveles de emoción:
Por lo general, cuando se analizan
las emociones representadas en escena, es a partir de la perspectiva
del personaje, o de la percepción que tiene el espectador
del personaje. Con mucha frecuencia, las emociones del personaje
están vinculadas con las emociones personales -persona privada-
del actor. Por consiguiente, cuando se hace al espectador una pregunta
del tipo: ¿el actor es un rompecorazones como su personaje?
deduce la respuesta a partir de emociones determinadas por el modelo
interno del personaje representado por el actor. El análisis
de la actuación, desde el punto de vista del actor en escena
es muy diferente al punto de vista del espectador. En los informes
tradicionales que tienen que ver con la actuación dramática
no se encuentra ningún análisis de las emociones que
se producen en el actor en tanto que artesano. El miedo escénico
y la concentración apenas se mencionan. Sin embargo, en la
perspectiva de la psicología del actor -concebido como artesano
de la escena- la relación con las emociones-tareas es de
suma importancia.
¿Cómo asociar entonces las emociones del actor con
la representación de las emociones del personaje desde el
punto de vista del espectador?
PERCEPCIÓN DE LAS EMOCIONES
EN ESCENA
Todavía no se ha determinado claramente el modo de formación
de las emociones-tareas, ni el proceso mediante el cual se atribuye
un carácter de autenticidad a las emociones de los personajes.
Estudios psicológicos sobre el reconocimiento y la credibilidad
de expresiones emocionales simuladas y espontáneas muestran
que, por lo general, los observadores no pueden hacer la distinción,
y no identifican los indicios pertinentes cuando tienen que determinar
si una emoción es real o fingida.24 Los observadores suelen
atribuir más credibilidad a las expresiones emocionales simuladas
que a las expresiones emocionales espontáneas (por ejemplo,
Wallbott).25 De modo que no es necesario despertar en el actor las
emociones del personaje para que este las transmita al público
de manera convincente.
Los espectadores perciben que se expresa una emoción, pero
para determinar su índole necesitan informaciones provenientes
de indicios situacionales, en particular de la dinámica de
la expresión emotiva y del contexto donde aparece la emoción.
Para el espectador, la información escénica se transmite
mediante la situación dramática del personaje y el
contexto dramático de la obra. El comportamiento y las expresiones
del actor están en correspondencia con las emociones específicas
del personaje que el actor debe transmitir al público. Los
espectadores perciben la realidad de las emociones-tareas, pero
la propia interpretación se desprende de la situación
dramática.
De modo que el actor debe ajustar sus emociones-tareas. Ese proceso
de regulación interviene incluso durante la formación
de la emoción y constituye una parte fundamental de este.
Frijda considera que la regulación de las emociones de la
vida cotidiana suele centrarse en la reducción de los efectos
secundarios negativos o perturbadores de las expresiones emocionales.26
En mi opinión, la regulación de las emociones, que
yo prefiero llamar más bien formación de las emociones,
es un procedimiento positivo en el juego escénico. El actor
armoniza sus emociones-tareas con la expresión de las emociones
del personaje. Al orientarlas de modo que se correspondan con la
forma exterior, visible, de las emociones del personaje representado,
permite que participen del calor, la vitalidad y la espontaneidad
del personaje.
Meyerhold se acerca a esa visión cuando escribe: "El
espectador puede sentir el calor emocional que viene [...] de la
habilidad artística y del placer de la actuación creados
por el actor".27 Las emociones-tareas no tienen expresiones
faciales características, ni se pueden interpretar únicamente
sobre la base de su expresión.28 Sus consecuencias fisiológicas
aparecen en los detalles de la expresión: diligencia, vigilancia,
presencia, tensión, excitación, calor, orientación
hacia un objetivo
El espectador puede ver y sentir esas consecuencias,
pero los rasgos particulares de las emociones-tareas no son específicas
a cierto tipo de emoción. Las tendencias de acción
que acompañan las emociones-tareas del actor, como el impulso
de superar las dificultades, se corresponden con los -supuestos-
comportamientos vinculados a la solución del conflicto dramático.
Los personajes chocan con dificultades, atacan a sus antagonistas
y tratan de apartar los obstáculos para alcanzar sus objetivos.
Los impulsos que sienten los actores mediante las emociones-tareas
vienen a fortalecer la representación de los supuestos comportamientos
de los personajes.
De modo que la interpretación del espectador en lo relativo
a las emociones específicas del personaje está determinada
por la situación dramática existente y el comportamiento
del actor como personaje. Pero la autenticidad que perciben y asocian
los espectadores a la expresión emocional proviene de la
radiación de emociones-tareas reales, subyacentes, y de la
activación de acciones conexas. Por consiguiente, la función
de las emociones-tareas es contribuir a la ilusión de espontaneidad
de las emociones del personaje y a la presencia del actor en escena.
Este último punto se considera como un elemento esencial
de una buena actuación, con independencia del estilo. Todos
los enfoques corrientes de los estilos de actuación contemporáneos
permiten también la manifestación de ese trabajo de
actuación.
TRABAJO DE ACTUACIÓN EN LA
REPRESENTACIÓN
Examinados desde la óptica de la representación de
las emociones en escena, los enfoques contemporáneos occidentales
sobre la actuación se pueden dividir en tres corrientes principales:
Una: la actuación comprometida -meterse en la piel del personaje
o vivir su personaje- (Stanislavski, Strasberg
); dos: la actuación
distanciada -guardar cierta distancia emocional respecto del personaje-
(Meyerhold, Brecht
), ambas conocidas. Distingo aquí
una tercera: que apunta a la libre expresión del yo, y de
la cual Brook y Grotowski son sus principales teóricos.29
Entre todos los acontecimientos teatrales de los años 60
y los que los siguieron, la expresión del yo profundo del
actor aparece como una constante, particularmente en lo que respecta
a la representación de las emociones y la autenticidad de
las expresiones emocionales. Según este enfoque, en cierta
medida el personaje desaparece detrás del actor, mientras
que en el estilo de actuación comprometida, el actor desaparece
-en cierta medida también- detrás del personaje. En
la actuación distanciada, el actor está de pie al
lado de su personaje, por así decirlo.
Aunque los diferentes enfoques de la actuación difieren en
cuanto a la forma de representar las emociones en escena, constatamos
que los autores están de acuerdo implícitamente en
cuatro tareas principales que debe realizar el actor. Para cada
estilo de actuación dramática, el actor debe ante
todo crear un modelo interno de la emoción del personaje.
Es la primera tarea de la actuación. Diderot habla de un
modelo ideal. Por su parte, Meyerhold recurre al término
obraz.30 Estas expresiones se refieren a una imagen del personaje
creado, que capta los rasgos característicos o universales
del comportamiento cotidiano. En la imaginación del actor,
ese modelo interno sirve de línea rectora en el momento en
que actúa. Para Diderot y Meyerhold, ese modelo interno debe
trascender los elementos de la vida cotidiana -o la naturaleza-,
mientras que para Stanislavski y Strasberg, el actor debe esforzarse
por crear un modelo interno que adopte un comportamiento realista
o naturalista.
El modelo interno se debe presentar al espectador de forma creíble
y convincente, esta es una segunda tarea de la actuación.
Según Stanislavski y Strasberg, la credibilidad de las emociones
representadas es el resultado natural del comprometimiento del actor
en el universo del personaje mediante la memoria emotiva.31 Para
Brecht, la credibilidad del contenido emocional de una representación
depende de la claridad del contexto social en que se encuentran
los personajes, de sus intereses y de las relaciones que mantienen
entre sí.32 En el estilo de actuación que apunta a
la libre expresión del yo, la expresión es creíble
en la medida en que no hay simulación. El actor expresa su
yo profundo, sus propios sentimientos. Por consiguiente, es creíble
y convincente de manera natural, lo que exige en todos los casos
que el actor tenga un instrumento expresivo bien desarrollado.
La tercera tarea de actuación consiste en el ensayo durante
diferentes representaciones de una misma obra de teatro de forma
más o menos determinada. Encontramos esta noción en
los textos de Grotowski cuando habla de partitura al comparar la
actuación con una interpretación musical, y decir
que la partitura y la notación también se aplican
al teatro. Meyerhold también es muy claro en cuanto a la
composición de la forma. La identifica mediante el término
ruso amploi, es decir, un modelo característico y estable
de comportamiento que pertenece a un tipo específico de personaje.33
Según Stanislavski, el actor debería desarrollar,
como una segunda naturaleza, las emociones y el comportamiento de
su personaje mediante repeticiones cotidianas.
La repetición del trabajo en escena puede parecer problemático
para dar la ilusión de espontaneidad y autenticidad de las
expresiones emocionales, lo que constituye la cuarta tarea de actuación.
Sin embargo, Grotowski señala que estos son dos aspectos
complementarios del proceso creador. En el trabajo artístico,
sólo se alcanza la creatividad espontánea y la inspiración,
mediante la disciplina y el dominio de las habilidades técnicas.
El estilo de actuación centrado en la libre expresión
del yo busca la espontaneidad verdadera y las expresiones emocionales
auténticas del actor. Por ende, da mucha cabida a la improvisación
durante las representaciones -dentro de un marco formal estricto-
para garantizar un estado de presencia durante la representación.
Por su parte, Barba y Savarese afirman que la energía y la
presencia se pueden alcanzar mediante la utilización de técnicas
extracotidianas.34 En la perspectiva del estilo de actuación
comprometida, esta exigencia se llena de modo natural cuando el
actor vive en escena las emociones del personaje. Brecht estima,
por su parte, que el aspecto real de la actuación debería
resultar de la presentación de las condiciones posibles que
requieren un reconocimiento y de las asociaciones del espectador
mediante técnicas de distanciamiento, como el Verfremdung.
Por ejemplo, el actor se dirige al público haciendo comentarios
sobre su personaje. El énfasis que se pone en el aspecto
real del contexto de representación y en la presencia del
actor en escena está en la base del estilo de actuación
centrado en la libre expresión del yo.
Por lo tanto, en las representaciones profesionales se pueden identificar
cuatro tareas de actuación principales, que están
implícitamente presentes en diferentes artistas que han creado
estilos de actuación dramática:
Crear un modelo interno de emociones intencionales -deseadas- del
personaje;
Representar expresiones emocionales creíbles y convincentes;
Repetir una forma más o menos determinada;
Crear una ilusión de espontaneidad y tener presencia durante
la representación.
UN MODELO QUE EXPRESE EL PROCESO
CREADOR DE LA ACTUACIÓN
La contradicción teórica entre los diferentes enfoques
relativos a la representación de las emociones en escena
no aparece en los resultados empíricos obtenidos de la muestra
de actores profesionales holandeses, belgas y estadunidenses. En
la práctica teatral, la separación -distanciamiento-
y el comprometimiento no se excluyen mutuamente, sino que son utilizados
simultáneamente por los actores en la representación
de las emociones del personaje.
En nuestro cuestionario, los actores debían responder veinte
preguntas -preparadas a partir de las diferentes teorías
de actuación- sobre ciertos rasgos característicos
del estilo de actuación que utilizaban durante la representación.
El análisis estático de las respuestas reveló
que sus opiniones relacionadas con los diferentes estilos de actuación
podían reagruparse en cuatro dimensiones subyacentes:
1) Dejarse llevar por las emociones del personaje representado
2) parecido entre el actor y el personaje;
3) modelado técnico de las emociones del personaje;
4) aplicación de las emociones-tareas.
Todos los actores utilizaban esas
cuatro dimensiones, pero se diferenciaban en cuanto a la importancia
que daban a una u otra. Así, nuestro estudio mostró
que los estilos de actuación utilizados durante las representaciones
sólo diferían unos de otros de manera marginal, lo
que corrobora la idea de parentesco entre las principales tareas
de actuación definidas en los diferentes análisis
de la actuación dramática.
Se pueden relacionar las cuatro dimensiones de los estilos de actuación
y las cuatro tareas de actuación para definir las exigencias
de estas últimas en relación con la representación
de las emociones del personaje:
1) El actor debe analizar y conocer las emociones de la vida cotidiana
para crear un modelo interno de su personaje;
2) debe poseer un instrumento expresivo conveniente o flexible para
realizar una representación convincente y creíble
de las expresiones emocionales;
3) debe entrenarse y ensayar para representar de manera más
o menos automática el comportamiento del personaje: forma
externa;
4) debe utilizar sus emociones-tareas para alcanzar una presencia
que fortalecerá la ilusión de espontaneidad de las
expresiones emocionales de su personaje.
En el esquema que aparece a continuación,
los diferentes aspectos examinados en este artículo se reúnen
en forma de modelo. Los niveles de acción están relacionados
con los cuatro aspectos de estilos de actuación y las exigencias
necesarias para ejecutar las tareas de la actuación.
En el primer nivel de acción, el actor como persona privada
se puede dejar llevar por las emociones del personaje. Para comprenderlas,
puede referirse a las emociones de la vida cotidiana. Esto le permite
crear un modelo interno de las emociones intencionales del personaje.
Para llegar a la primera tarea de actuación, se forma una
idea de lo que querrá transmitir al público.
En el segundo nivel de acción, el parecido entre el actor
y el personaje puede facilitar la adecuación del instrumento
expresivo, que debe ser suficientemente flexible para representar,
de forma convincente, las expresiones emocionales correspondientes
al modelo interno. Es la segunda tarea.
En el tercer nivel de acción, la estética -el modelado
técnico- ayuda a automatizar la forma externa del comportamiento
del personaje, que es la forma -más o menos determinada-
que el actor debe repetir en las representaciones sucesivas.
Aunque los diferentes enfoques de la actuación dramática
concuerdan implícitamente con las cuatro tareas principales
de actuación, se distinguen en cuanto al proceso de ejecución.
Las diferencias entre los estilos de actuación se tornan
particularmente aparentes durante la cuarta tarea de actuación.
¿Cómo producir una ilusión de espontaneidad
y alcanzar un estado de presencia?
Según el estilo de actuación comprometida, el actor
debería estimular, entre sus propias emociones, las que se
parezcan a las del personaje que debe representar.
De acuerdo con el estilo de actuación distanciada, las exigencias
situacionales impuestas al personaje en el contexto dramático,
así como sus preocupaciones, objetivos y motivos principales,
se deben expresar claramente al público para que el actor
pueda producir una representación convincente de las emociones
correspondientes. La ilusión de espontaneidad se alcanza
gracias a la información que pasa por la estilización
de la forma externa del comportamiento del personaje.
El estilo que apunta a la libre expresión del yo busca la
ilusión de espontaneidad en el estado de presencia, a través
de la representación de experiencias de la vida misma de
los actores: la verdadera vida; el personaje se adapta a la historia
del actor para permitirle la expresión del yo profundo.
Según la teoría de las emociones-tareas, hay cierta
radiación de estas emociones y de las tendencias a la acción
que las acompañan. La capacidad del actor para utilizarlas
de forma positiva y transformarlas en provecho de una radiación
viva y agradable de las emociones del personaje representado, da
presencia al actor y apoya, en el espectador, la ilusión
de espontaneidad y de verdad de las emociones del personaje.
ILUSIÓN DE ESPONTANEIDAD
¿Por qué persiste la idea de que la ilusión
de espontaneidad sólo se alcanza cuando el actor participa
de las emociones de su personaje? Se dice que la expresión
que dimana de un personaje y que lo define se debe apoyar en una
verdadera emoción correspondiente en el actor. Varias razones
pueden explicar cómo el actor y el espectador se pueden confundir
y enredar entre las verdaderas experiencias emocionales del actor
y las emociones representadas del personaje.
En primer lugar, el concepto de emoción-tarea no es una noción
conocida. Por consiguiente, las emociones-tareas y las características
-fisiológicas- que las acompañan se pueden interpretar,
erróneamente, como la experimentación de las emociones
del propio personaje.
En segundo lugar, la imitación o la representación
de las expresiones emocionales suscita un despertar fisiológico
en el actor,36 lo que puede imputarse a un efecto de la implicación
en las emociones del personaje, o se puede percibir como si así
fuera. Pero expresar o imitar emociones no significa necesariamente
que uno esté implicado en las emociones representadas.
Por otra parte, el análisis de la actuación dramática
se suele hacer a partir del punto de vista del espectador. Ahora
bien, en tanto que espectadores, sólo recordamos las expresiones
emocionales para determinar cuáles emociones nos afectan.
Las emociones transmiten informaciones sobre los principales intereses
y las motivaciones del individuo, así como informaciones
relativas a la forma en que se establecen las relaciones entre las
personas. Si una expresión emocional parece verdadera, suponemos
que lo es. Normalmente confiamos que una verdadera emoción
está en la base de la expresión, sin lo que nunca
sabríamos si nos hemos equivocado o no; por lo tanto, debemos
fiarnos de nuestros sentidos. Esta perspectiva que tiene el espectador
suele determinar los análisis de la actuación del
actor.
Por último, hay una cuarta razón: en las teorías
actuales de la actuación no se ha hecho ninguna distinción
clara entre los ensayos y las representaciones en público.
Durante los ensayos despertar emociones privadas para estimular
la implicación en las emociones del personaje, así
como buscar un parecido entre uno y el personaje, puede facilitar
el desarrollo de un conocimiento suficiente para concebir un modelo
interno de las emociones intencionales del personaje. Sin embargo,
durante la representación, las exigencias que impone la actuación
ante el público impiden por lo general que el actor se pierda
en las emociones imaginadas del personaje. En el análisis
de la actuación dramática, se deberían distinguir
los ensayos de las representaciones públicas.
CONCIENCIA Y PRESENCIA
Los estudios descritos brevemente en este artículo echan
una luz diferente sobre los conceptos corrientes relacionados con
la actuación dramática, tales como implicación,
credibilidad y presencia. En cuanto a las relaciones emocionales
entre actor y personaje, la supuesta diferencia entre los diferentes
estilos de actuación dramática no está acorde
con los principales resultados de los estudios empíricos.
Sin embargo, la teoría de las emociones-tareas puede explicar
esos resultados a partir de una perspectiva nueva de la psicología
contemporánea de las emociones.
Esta teoría afirma que la situación en escena es suficiente
para que el actor pueda evocar emociones intensas. Querer actuar
bien y cumplir bien las tareas de la actuación ante un público
muy crítico, que evalúa sin cesar, constituye en sí
una tarea difícil. Esto puede amenazar los intereses primarios
del actor. La estructura de significado de la situación entraña
entonces la experiencia de las emociones-tareas que el actor concibe
de conformidad con la expresión de las emociones del personaje.
La radiación de las emociones-tareas -y de las tendencias
a la acción vinculadas a aquellas- participa fuertemente
en la presencia del actor y en la ilusión de espontaneidad
de las emociones del personaje representado. Esta noción
de presencia escénica es primordial en el teatro contemporáneo.
Sin embargo, este estudio plantea un cuestionamiento que exige una
investigación más profunda:
¿Los actores son conscientes de sus emociones-tareas y las
utilizan deliberadamente para alcanzar un estado de presencia en
escena? ¿Cómo se ajustan a las diferentes capas emocionales
de la actuación dramática?
Se debería realizar una descripción precisa de la
noción de presencia, o una lista de sus componentes más
importantes.
Son necesarios estudios sobre la recepción para analizar
la forma en que los espectadores reconocen la presencia escénica:
¿cuáles son sus apariencias? ¿Cómo establece
el espectador una relación con las diferentes capas emocionales
de la actuación dramática?
Aunque la teoría de las emociones-tareas sólo se aplica
en este estudio a la representación de las emociones en escena,
se puede aplicar también a otras disciplinas escénicas.
En definitiva, todas las formas de arte vivo presentan las mismas
exigencias, relacionadas con el hecho de aparecer ante un público.
Se trata de algo difícil para un ser humano, que entraña
fuertes exigencias emocionales. Por demás, el conocimiento
del oficio es fundamental en toda habilidad artística.
Para disfrutar cuando se actúa ante un público es
necesario controlar una de las empresas más arriesgadas que
tenga que enfrentar un ser humano. Sucede lo mismo para todos los
que suben a escena.
Traducción del francés
Miryam López Suárez
Notas
1 Con el objetivo de aligerar el texto, traducimos como émotion-tâche
(emoción-tarea) la expresión inglesa task-emotion,
que se refiere a las emociones vinculadas con la ejecución
de la acción de actuar ante un público. Esta teoría
se basa en la psicología contemporánea de la emoción.
2 La investigación se realizó en particular sobre
la actuación dramática del actor profesional durante
representaciones públicas, actuación que difiere de
la actuación utilizada en los ensayos o de actores aficionados.
3 Un cuestionario detallado sobre los diferentes niveles de experiencias
y de expresiones emocionales vividas durante la representación
fue enviado a una amplia muestra de actores profesionales neerlandeses,
belgas y estadounidenses. El cuestionario fue llenado y devuelto
por trescientos cuarentiún actores (Cf. Elly A. Konijn: Acteurs
spelen emoties; het vorm geven aan emoties op het tonel, een psychologische
studie, Éd. Boom, Amsterdam, 1994; Elly A. Konijn y Astrid
Westerbeek: Acteren en emoties, Éd. Boom, Amsterdam, 1997;
Elly A. Konijn: Acting emotions, Amsterdam University Press, Amsterdam,
2000. Los resultados empíricos relativos al estudio neerlandés
fueron presentados en el duodécimo congreso de la FIRT (Fédération
Internationale pour la Recherche Théâtrale) en Moscú,
en junio de 1994, y un resumen general de esos resultados fue publicado
en Theatre Research International. Discusiones teóricas más
elaboradas, así como detalles de los resultados se presentan
en la obra citada de Konijn, 1994. Los resultados de todas las discusiones
teóricas aparecieron en inglés en Amsterdam University
Press.
4 Los resultados empíricos obtenidos prueban que la actuación
comprometida no difiere de la actuación distanciada en lo
que se refiere a la relación entre las emociones del personaje
y las vividas por los propios actores. Incluso para los actores
que se comprometen, no se encontró ninguna correspondencia
entre las emociones del actor y las emociones del personaje, lo
que indica que incluso cuando se comprometen con su personaje, los
actores no participan de las experiencias emocionales que se supone
sientan los personajes. Cf. Elly A. Konijn: Obs. cits.
5 Estudios de índole diferente apoyan la noción de
emoción-tarea. Investigaciones sobre la tensión y
el estrés durante la representación, donde se recurría,
entre otras mediciones, a la evaluación de las pulsaciones
cardíacas, han demostrado que el nivel de tensión
o de estrés de los actores en el momento de su prestación
ante un público era mucho más elevado que durante
los ensayos (Cf. Elly A. Konijn: "What's on between the Actor
and his Audience? Empirical Analysis of Emotion Processes in the
Theatre", Psicology and Performing Arts, bajo la dirección
de G. Wilson, Lisse, Swets & Zeitlinger, 1991; Elly A. Konijn:
"Waiting for the Audience; Empirical Studie of Actor's Stage
Fright and Performance" Performance Theory, Reception and Audience
Studies, número especial a cargo de H. Schoenmakers, v. 8,
n. 31/32, 1992; Helga Weisweiler: Die Belastung des Schaupiellers
an seinem Arbeitplatz, Münchener Universität, Theater
Wissenshaft (Diss.), München, 1983. Las altas y bajas de intensidad
de los indicadores fisiológicos del estrés no estaban
vinculadas a las emociones específicas del personaje, sino
al hecho de entrar y salir de escena, alcanzando niveles sumamente
elevados durante los monólogos: alrededor de ciento ochenta
latidos por minuto.
6 Nico H. Frijda: The Emotions; Studies in Emotion and Social Interaction,
Cambridge University Press, Cambridge, 1986; Richard S. Lazarus,
James R. Averill y Edward M. Jr. Opton: "Towards a Cognitive
Theory of Emotions", Feelings and Emotions (M. Arnold, ed.),
Academic Press, New York, 1980; Richard S. Lazarus, Allen D. Kanner
y Susan Folkman: "Emotions: a Cognitive-Phenomenological Analysis",
Plutchik, Emotion; Theory, Research and Experience (R y H. Kellerman,
ed.), Academic Press, New York, 1980; Richard S. Lazarus: "Thoughts
on Relations between Emotion and Cognition", American Psychologist,
v. 37, 1982, entre otros.
7 Nico H. Frijda: Ob cit.
8 Robert W. White: "Motivation Reconsidered: the Concept of
Competence", Psychological Review, n. 66, 1959; Nico H. Frijda:
Ob. cit.
9 Charles F. Jr. Bond y Linda J. Titus: "Social Facilitation:
A Meta-Analyses of 241 Studies", Psychological Bulletin, v.
94 (2), 1983; Robert Boleslaw Zajonc y Stephen M. Sales: "Social
Facilitation of Dominant and Subordinate Responses", Journal
of Experimental Social Psychology, v. 2, 1966.
10 Ervin Goffman: The Presentation of Self in Everyday Life, Penguin,
Middlesex y New York, 1959; Mark Snyder: "The Self-Monitoring
of Expressive Behaviour", Journal of Personality and Social
Psychology, v. 30, 1974.
11 Jeffrey M. Jackson y Bibb Latané: "All Alone in front
of All Those People: Stage Fright as a Function of Number and Type
of Co-Performers and Audience", Journal of Personality and
Social Psychology, v. 40, n. 1, 1981; Maryanne Martin: "On
the Induction of Mood" Clinical Psychology Review, v. 10, 1990.
12 Elly A. Konijn: Ob. cit., 1992; Helga Weisweiler: Ob.cit.
13 Marvin Zuckerman: Sensation Seeking, N.J. Erlbaum, Hillsdale,
1979; Marvin Zuckerman, Monte S. Buchsbaum y Dennis L. Murphy: "Sensation
Seeking and its Biological Correlate", Psychological Bulletin,
v. 88, n. 1, 1980.
14 Kun Wang: "Research on the Feeling Mind of Actors during
Creative Performances", Information of Psychological Sciences,
n. 6, 1984, p. 30.
15 La objetividad, la realidad, la dificultad, la urgencia, el control,
el valor, la falta de familiaridad y la exigencia de la situación.
Cf. Nico H. Frijda: Ob. cit., 1986.
16 Ibid.; Elly A. Konijn: Ob. cit., 1994.
17 Nico H. Frijda: Ob. cit., 1986.
18 Nico H. Frijda, Meter Kuipers y Elizabeth Ter Schure: "Relations
between Emotions, Appraisal and Emocional Action Readiness",
Journal of Personality and Social Psychology, v. 57, 1989.
19 Mihaily Csikzentmihalyi y Isabella Selega Csikzentmihalyi (dir.):
Optimal Experience: Psychological Studies of Flow in Consciouness,
Cambridge University Press, Cambridge, 1988.
20 Elly A. Konijn: Obs. cits., 1994 y 2000.
21 Véase más adelante la explicación de este
concepto.
22 Cf. Paul Ekman: "The Argument and Evidence about Universals
in Facial Expressions of Emotions", Handbook of Psycho-Physiology:
Emotion and Social Behaviour, bajo la dirección de H. Wagner
y A. Manstead, John Wiley & Sons, London, 1989; Carrol E. Izard:
"Basic Emotions, Relations among Emotions and Emotion-Cognition
Relations", Psychological Review, n. 99, 1992; Robert Laffont:
Dictionnaire des personnages de tous les temps et the tous les pays,
S.E.D.E. y V. Bompiani, Paris, 1960; Batja Gomes de Mesquita: Cultural
Variations in Emotions; a Comparative Study of Dutch, Surinamese
and Turkish People in the Netherlands, Faculty of Psychology, University
(Diss.), Amsterdam, 1993; Georges Polti: The Thirty-six Dramatic
Situations, The Writer, Inc., Boston, 1940.
23 Hay variaciones en los niveles de actuación que se pueden
distinguir. Con mayor frecuencia se distinguen tres niveles. Cf.
Michael L. Quinn: "Celebrity and the Semiotics of Acting",
New Theatre Quartely, v. 6, 1990; Bert O. States: "The Actor's
Presence: Three Phenomenal Modes", Theatre Journal, v. 35,
1983. Pero Passow describe cinco. Cf. Wilfried Passow: "Whom
do They Love?", Tijdschrift loor Theaterwetenschap, v. 8, n.
31/32, 1992. Estas diferencias se deben principalmente a que se
incluya o no al espectador en el análisis. A nivel del personaje
representado en escena se pueden hacer dos interpretaciones diferentes:
1) la forma como el actor percibe su actuación mientras está
actuando y 2) la recepción y la interpretación que
el espectador se hace del personaje representado. Cf. Johan F. Hoorn
y Elly A.Konijn: Perceiving and Experiencing Fictional Characters:
Theoretical Background (Part I), en proceso de edición, 1999;
Elly A. Konijn: "Spotlight on Spectators; Emotions in the Theater",
Discourse Processes, v. 2, n. 28, 1999. Escribo desde la perspectiva
del actor.
24 Cf. Nico H. Frijda: "Emotion and Recognition of Emotion",
Feelings and Emotions: The Loyola Symposium, bajo la dirección
de M. B. Arnold, Academic Press, New York, 1970; Ursula Hess y Robert
E. Kleck: "The Cues Decoders Use in Attempting to Differentiate
Emotion-Elicited and Posed Facial Expressions", European Journal
of Social Psychology, v. 24 (3), 1994; Stephanie A. Shields: "Distinguishing
between Emotion and Nonemotion: Judgements about Experience",
Motivation and Emotion, v. 8, 1984.
25 Harald G. Wallbott: "Aus dem Zusammenhang Gerissen: Schauspielermimik
ohne Kontextinformation", Zeitschrift für Experimentelle
und Angewandte Psycologie, v. 35, n. 3, 1988.
26 Cf. Nico H. Frijda: Ob. cit., 1986.
27 Nicolaï Pesochinsky: "The Actor in the Theatre Vs.
Meyerhold", Russian Acting Art in the Twentieth C., San Petersburg
Institute of History and Arts, San Petersburg, 1992.
28 Elly A. Konijn: Obs. cits., 1994, 2000.
29 Peter Brook: The Empty Space, Atheneum, New York, 1969; Jerzy
Grotowski: Towards a Poor Theatre, Simon and Schuster, New York,
1968.
30 Nicolaï Pesochinsky: Ob. cit.
31 Cf. Konstantin Stanislavski: Creating a Role , Theatre Arts Books,
Methuen, New York, 1961; Konstantin Stanislavski: La construction
du personnage, Pygmalion, Paris, 1984; Konstantin Stanislavski:
La formation de l'acteur, Olivier Perrin, Petite Bibliothèque
Payot, Paris, 1993, y Lee Strasberg: A Dream of Passion: the Development
of the Method, Bloomsbury, London, 1988.
32 Bertolt Brecht: Écrits sur le théâtre, v.
I, L'arche, Paris, 1972.
33 Debemos señalar aquí que hay una clara distinción
entre el amploi del actor y el del personaje en el programa de entrenamiento
biomecánico del actor, que se reconoce ahora como un programa
de entrenamiento básico solamente. La teoría biomecánica
de Meyerhold va mucho más allá (Cf. Elly A. Konijn:
Meyerhold and Acting in Contemporary Russia; A Philosophy on Acting
-en preparación-, y Nicolaï Pesochisnky: Ob. cit., 1992.
34 Eugenio Barba y Nicola Savarese: The Secret Art of the Performer;
a Dictionnary of Theatre Anthropology, Routledge, New York y London,
1991.
35 Los niveles son interdependientes y están ordenados de
manera jerárquica. El primer nivel (1) es el fundamental
y condiciona el desarrollo de los niveles siguientes. El cumplimiento
de las tareas de actuación y las exigencias asociadas al
cuarto nivel (4) dependen del cumplimiento de las tareas y las exigencias
vinculadas a los niveles previos. En cada nivel, el feed-back influye
en las adaptaciones a otros niveles. En el momento de la representación,
el espectador percibe los diferentes niveles del proceso creador
de la actuación como un todo integrado.
36 Cf. Paul Ekman, Robert W. Levenson y Wallace V. Friesen: "Autonomic
Nervous System Activity Distinguishes among Emotions", Science,
v. 221, n. 4616, 1983; Robert W. Levenson, Paul Ekman y Wallace
V. Friesen: "Voluntary Facial Action Generates Emotion-Specific
Autonomic Nervous System Activity", Psychophisiology, v. 27,
n. 4, 1990; Elly A. Konijn: Ob. cit., 2000.