El señor de la escena.
El actor según Antunes Filho
Sebastião Milaré
El actor está en el centro
de las preocupaciones estéticas de Antunes Filho. Siempre
lo estuvo. Para él, el actor es el señor de la escena,
de ahí su afirmación de que se puede hacer teatro
en cualquier lugar, sin escenarios, sin iluminación planificada,
sin vestuario específico, sin equipamiento sonoro y hasta
sin texto, pero no se puede hacer teatro sin el actor. Sin embargo,
no basta al ciudadano decir el texto y hacer bien ensayadas máscaras,
para ser el señor de la escena. Va a tener que procurar caminos
y medios, trabajar, estudiar, investigar diferentes campos del conocimiento,
entrenar cotidianamente el cuerpo y la voz, practicar su arte siempre.
El actor que Antunes Filho propone con el CPT -Centro de Pesquisa
Teatral- tiene que ser culto y estar dispuesto a rastrear los caminos
del autoconocimiento. Nunca será el personaje, pero el personaje
será siempre él, en las diversas situaciones y condiciones.
Y si tuviera la suprema capacidad de, como él mismo, convencer
al espectador de que es el personaje, entonces puede considerarse
el señor de la escena.
Ya a fines de la década de los 50 Antunes se destacaba como
director de actores, y proponía investigar los medios interpretativos
adecuados para el actor brasileño. El desafío para
los jóvenes de su generación, la primera de directores
modernos en el Brasil, era la conquista del lenguaje realista y
él fue el primero en dominarlo. El cine americano era su
paradigma y se basaba en el método Stanislavski, pero buscaba
un realismo poético, en el que la sugestión fuese
más poderosa que la exhibición de lo real. Por mucho
tiempo empleó en su investigación elementos del maestro
ruso, al dar espacio a las improvisaciones y a los "laboratorios".
En 1964, creó cerca de cincuenta ejercicios en función
de la preparación del actor, para el montaje de Vereda de
salvación, de Jorge Andrade. Eran ejercicios naturalistas,
que llevaban a consecuencias extremas el "método de
acciones físicas", en laboratorios de creación
dramática como nunca antes se hicieran en el Brasil.
Esa "zambullida stanislavskiana", sin embargo, se proponía
superar las técnicas instituidas por Stanislavski. Cuatro
años antes, el joven director comenzaría a cuestionar
el realismo, al aplicar la teoría del distanciamiento de
Brecht en la concepción escénica de Las brujas de
Salem, de Arthur Miller (1960), pero el resultado no le satisfizo.
Había intuido lenguajes reveladores con el empleo de las
teorías de Brecht. Pero sólo podría lograrlos
después de una larga investigación acerca de los medios
y sus respectivas técnicas, además del necesario establecimiento
de una ideología, pues lo más importante es que el
actor asuma íntegramente la ideología: si él
no tiene su propia visión del mundo, ¿qué mundo
irá a crear?
La forma estética es apenas la fachada de la obra. Será
falsa si no tiene una sustentación ideológica. Para
Antunes, la forma estética en el teatro tiene validez artística
cuando nace del actor. No se trata de que el director manipule al
actor, que intente "esculpirlo" en escena para significar
esto o aquello, porque el gesto sólo es verdadero si viene
de adentro, de las vísceras, del alma y de la inteligencia
del actor.
Así es que, en 1964, al formular decenas de ejercicios para
los actores, e instituir los laboratorios, Antunes colocó
una de las principales divisas de su teoría estética:
ir al fondo del concepto como única manera de superar el
concepto mismo y de transformarlo; y eso es fundamental, pues sólo
con la transformación de los conceptos el arte puede moverse.
Antunes hizo de La paradoja del comediante, de Diderot, su guía-maestra.
Allí estaba descrito el actor ideal, el comediante, que consigue
emocionar a la multitud sin dejarse vencer por la emoción,
manteniéndose, tanto como le sea posible, frío y calculador.
Esto se opone a lo que proponía Stanislavski, que usaba como
sinónimos las palabras sentimiento y conocimiento, en un
camino en que la emoción es la materia prima absoluta, que
el actor debe buscar en el fondo del alma. Al utilizar técnicas
stanislavskianas, Antunes quería superarlas y liberar al
actor de las cadenas de la emoción, privilegiando la inteligencia,
la imaginación y la sensibilidad.
La teoría brechtiana del distanciamiento le resultaba muy
sugestiva, pero no vislumbraba técnicas apropiadas para lograrlo,
y a Antunes no le interesaba "enfriar" la escena con el
objetivo de llevar al espectador a una reflexión crítica.
Experimentaría ese recurso en la puesta en escena de Las
brujas de Salem, y no quedaría satisfecho. Su idea del distanciamiento
era propiciar al actor la necesaria distancia del personaje para
realizarlo mejor y así ilusionar completamente al espectador,
envolverlo en el acontecer de la escena.
Su mirada estaba atenta a los opuestos, a la permanente lucha de
contrarios. Era imprescindible que los actores también estuviesen
"ligados" a la idea de la realidad producida por la fricción
entre los opuestos, responsable por los movimientos, ritmos y formas
estéticas. Por eso exigía que todo actor leyese los
capítulos sobre la dialéctica del libro de Guy Besse
y George Politzer, Los principios fundamentales de la filosofía.1
A esa obra y a La paradoja del comediante, de Diderot, se sumaron
El teatro y su doble, de Antonin Artaud, y El arte caballeresco
del arquero zen, de Eugen Herrigel, los que constituían la
bibliografía básica de la investigación que
Antunes Filho desarrollaría en el CPT, creado luego del estreno
de Macunaíma (1978). Aunque la bibliografía se llegaría
a expandir a decenas de títulos, los gérmenes de todo
lo que se construiría en el CPT, como método y como
lenguaje, estaban anunciados en esas cuatro obras.
BASES TEÓRICAS
La adopción del manual marxista citado se limita a la primera
parte, que trata de la dialéctica. A Antunes le interesan
las herramientas que permiten acompañar el movimiento dialéctico
de las contradicciones, en la construcción del personaje
y en el desarrollo de las situaciones. Sin contradicción
no hay conflicto dramático. Al exponer la transformación
de las cosas y el desarrollo universal, los cambios cualitativos
y la lucha de los contrarios, el método de Politzer ofrece
herramientas importantes para la comprensión del conflicto
dramático.
Para Antunes, el problema del manual es el repudio a la metafísica,
vista y descrita como algo inmóvil, estratificado, que "ignora
o desconoce la realidad del movimiento y de la transformación".2
La visión es naturalista, determinista, ciega a los movimientos
sutiles, que todavía constituyen la materia prima de la manifestación
poética.
El naturalismo es imprescindible para la constitución de
la realidad en escena, pero el arte está en convertirlo en
vehículo de bases metafísicas que muestren, a través
del cuerpo del actor y de los movimientos escénicos, lo que
la palabra no consigue expresar. Antunes encuentra el paradigma
adecuado para esa concepción en los escritos de Antonin Artaud,
reunidos en El teatro y su doble. Pensaba, como Artaud, que el teatro
burgués, basado en el "buen decir" y en los efectos
exteriores, estaba muerto. Cree imprescindible recuperar el teatro
esencial, de imágenes reveladoras, que "rehace los hilos
entre lo que es y lo que no es, entre la virtualidad de lo posible
y aquello que existe en la naturaleza materializada".3 Mucho
de lo que Artaud proponía, se hizo realidad en el teatro
de Antunes Filho.
En el segundo manifiesto del Teatro de la Crueldad, consta la "necesidad
que tiene el teatro de fortalecerse en las fuentes de una poesía
eternamente apasionada [...] por una vuelta a los viejos Mitos primitivos",
y pide que "la puesta en escena y no el texto se encargue de
materializar y sobre todo de actualizar esos viejos conflictos,
es decir, que tales temas se llevarán directamente al teatro
y materializados en movimientos, expresiones y gestos antes que
volcados en palabras".4 Eso describe perfectamente la situación
poética de las creaciones de Antunes con el CPT/Grupo de
Teatro Macunaíma, en los años 90, cuando lleva a escena
los "viejos Mitos primitivos" (arquetipos) y ejecuta una
acción basada en la actualización de los "viejos
conflictos", a través de movimientos, expresiones y
gestos.
Antunes recorrió un largo camino en busca de los medios adecuados
para la "escenificación metafísica", no
elaborada por magias del director, sino a través del elemento
esencial del teatro: el actor. También aquí su trabajo
coincide con las visiones de Artaud, cuando este dice que: "Todo
muestra en el aspecto físico del actor, como en el del apestado,
que la vida ha reaccionado hasta el paroxismo",5 sin que se
entienda la metáfora como un anatema al actor, pues él
es quien "agita sombras en las cuales la vida nunca deja de
tremolar" y "alcanza aquello que sobrevive a las formas
y produce la continuación de ellas",6 lo que no ocurre
casual y espontáneamente, sino a través de una necesaria
"preparación".
¿Qué tipo de preparación? Artaud lanzó
la hipótesis de "un atletismo afectivo", al trazar
un paralelo entre el actor ("atleta del corazón")
y el atleta físico, y apuntó la diferencia básica
entre uno y otro en la respiración: "mientras en el
actor el cuerpo está apoyado por la respiración, en
el luchador, en el atleta físico es la respiración
la que se apoya en el cuerpo".7
La función de la respiración mereció profundos
estudios en el CPT, y Antunes llegó a la conclusión
final de que el "actor es respiración". En cuanto
al actor-atleta, es interesante recordar que Antunes en cierta época
indicó a los actores que practicaran natación. Luego
constató que si ese deporte traía algún beneficio,
el fortalecimiento de los hombros lo anulaba. Así, la natación
pasó a ser contraindicada. A pesar de ello, el exhaustivo
trabajo con el cuerpo se hace necesario, no para adquirir músculos
o superar límites físicos, sino para habilitarlo en
la expresión de ideas, convirtiéndolo en masa, arcilla,
que guiada por la inteligencia del actor toma diferentes formas.
Antecede al trabajo de preparación del cuerpo y del espíritu,
la reflexión sobre la naturaleza del arte del actor. La presencia
de La paradoja del comediante, de Diderot, en la bibliografia básica,
no deja dudas sobre la tendencia a las técnicas que apuntan
a la distinción actor/personaje. A Antunes nunca le interesó
el "actor de alma", aquel que se alimenta de emociones
y para el cual las enseñanzas de Stanislavski son el inicio
y el fin de todo. Prefiere el actor que finge la emoción
y la diseña en su propio cuerpo.
Si permanece esclavo de la emoción y de la realidad mediocre,
jamás va a trascender el estereotipo. Intentará "vivir"
cada personaje buscando dentro de sí mismo las emociones
que cree sentir este o aquel papel, en esta o en aquella situación.
Su mundo está paralizado, cristalizado en las apariencias,
sus movimientos son mecánicos, su humanidad es reducida a
rótulos, por más que él se emocione y agite
en el escenario.
Ya el comediante no se deja dominar por la emoción: la domina;
y no se contenta con mostrar los aspectos exteriores, le interesa
el alma. Evita las emociones y permanece frío, equilibrado,
observando el comportamiento de las personas; su trabajo consiste
en imitar la naturaleza -no para reproducirla "tal cual es",
sino para dar al espectador nuevas maneras de ver y entender la
naturaleza humana. Al representar al hombre común, el comediante
no es el hombre común ni vive su miserable vida. Trasciende
la realidad cotidiana con los códigos del arte, y convierte
a aquel hombre en extraordinario y su vida en ejemplar. Para eso,
"no es su corazón, sino su cabeza la que hace todo".8
Diderot defiende la tesis de que cuanto más frío y
calculador sea el comediante, más convincente será
la emoción que representa, si trabaja con imaginación,
inteligencia y conocimiento del arte.
Antunes ve en La paradoja... el modelo del actor ideal, y usa como
ejemplo a los jóvenes discípulos que llegan contaminados
por ideas poco serias del oficio. La obra de Diderot le ayuda a
remover los despojos naturalistas que sofocan al actor. Mas no sólo
eso: lo inspira en la búsqueda de medios que liberen al intérprete
dramático de las ataduras aduladoras de la emoción
bruta. Y va hasta el fondo. Batallando con medios efectivos que
propicien al aspirante a actor la grandeza del comediante, transformó
en una herramienta teórica el libro de Eugen Herrigel El
arte caballeresco del arquero zen, cuarta obra de la bibliografía
básica del CPT.
Doctor en Filosofía por la Universidad de Heidelberg, Eugen
Herrigel impartió clases en la Universidad de Tohoku, Japón,
durante seis años, y en ese período fue instruido
en el tiro con arco por el maestro Kenzo Awa. En El arte caballeresco
del arquero zen narra con admirable claridad los pasos de ese singular
aprendizaje. El libro realza al inicio el choque entre la cultura
occidental cartesiana y la espiritualizada cultura oriental. Para
Herrigel fue difícil vencer las fortalezas del yo y comprender
la inseparabilidad de las cosas, no intelectualmente, sino en la
relación directa con el arco, la flecha y el blanco. "En
el tiro con arco, arquero y blanco dejan de ser entidades opuestas,
son una única y misma realidad" [D. T. Suzuki].9
"Algo dispara, algo acierta", decía el maestro.
Durante años de entrenamiento y a sabiendas de que no estaba
lidiando con un deporte que se perfecciona a costa del entrenamiento,
el discípulo llegaba a veces al desánimo: ¿qué
será ese algo? ¿qué significa la espiritualización
de la postura que hace, independientemente del arquero, soltarse
la flecha en dirección al blanco, que es el propio arquero?
Venciendo paso a paso el bloqueo de los juicios y de los prejuicios
occidentales, para alegría del maestro, el discípulo
consigue el tiro perfecto. "¿Comprende ahora lo que
quiere decir algo dispara, algo acierta?", pregunta el maestro,
al que Herrigel responde: "Temo que ya no comprendo nada. Hasta
lo más simple me parece lo más confuso. ¿Soy
yo quien estira el arco o es el arco que me lleva al estado de máxima
tensión? ¿Soy yo quien acierta en el blanco o el blanco
lo que acierta en mí? ¿Ese algo es espiritual, visto
con los ojos del cuerpo, o corporal, y se ve con los del espíritu?
¿Las dos cosas a un tiempo o ninguna? Todos, el arco, la
flecha, el blanco y yo estamos enredados de tal manera que no logro
separarlos. Y hasta el deseo de hacerlo desapareció".10
El proceso descrito por Herrigel sobre la experiencia directa, en
busca de aprehender la realidad última, que es la esencia
del tiro con arco, le dio a Antunes la conciencia de medios para
constituir la realidad en escena. Condujo su método a imagen
de ese proceso, echando mano sin pudor y con absoluta pertinencia
a las técnicas zen, comentadas por Herrigel (profundizando
el conocimento a través de innumerables obras zen-budistas),
no en busca del satori,11 sino de medios que eleven al actor al
nivel del comediante; con actuaciones fundadas no en convenciones,
sino en la espiritualización de las acciones escénicas.
¿QUÉ ES LA REALIDAD?
Antunes avanzó y desarrolló investigaciones basadas
en teorías stanislavskianas y brechtianas. Creó un
sistema, después de transformar códigos e insertarles
conceptos correspondientes a una nueva visión de la realidad.
Esa nueva visión explica las diferencias entre el método
instrumentado por él en el CPT de aquellos que fueran sus
modelos. En Stanislavski como en Brecht la visión de la realidad
es lineal y fragmentada, una realidad plana, horizontal y determinista,
como todo lo que se construye de acuerdo con la visión del
mundo que tiene la física clásica, en la cual cada
objeto está ailslado de los demás, así como
el espíritu está separado de la materia.
Stanislavski tenía el apoyo de una nueva ciencia para investigar
los medios y lidiar con la emoción: el psicoanálisis.
Pero es una ciencia que limita al individuo y las relaciones familiares
a las cuestiones psicológicas inherentes a ellos. Él
habla del alma, el objetivo del actor sería revelar el alma
del personaje, pero las referencias con las cuales trabaja pertenecen
a una visión materialista y cartesiana del mundo.
Brecht, por su parte, aplica con rigor la dialéctica y el
conocimiento científico en la recreación poética
de la realidad. Tal vez por eso su obra, fundada en el materialismo
histórico, llega al plano metafísico, ya en las fronteras
del mundo organizado con el torbellino del inconsciente colectivo.
Pero su visión de la realidad es todavía cartesiana.
En cierto pasaje, Brecht ejemplifica la posibilidad de empleo de
la ciencia en la creación artística:
Supongamos que un poeta sienta este impulso [de poder] y quiera
llevar un hombre al poder -¿cómo puede llegar a conocer
los complicados mecanismos por medio de los cuales el poder es conquistado?
Si su héroe es un político, ¿cómo se
hace la política? Si es un hombre de negocios, ¿cómo
se hacen los negocios?12
En este caso, la ciencia es la herramienta para la comprensión
del mecanismo de la realidad, no de sus fundamentos. Apunta a describir
críticamente la realidad y no a tornarla en la propia sustancia
de la obra.
Para Antunes Filho la realidad se transformó en la "propia
sustancia de la obra". Y fue gracias a Brecht que comenzó
a percibir y a investigar la escena como realidad autónoma,
en la que sólo caben síntesis críticas, que
se manifiestan orgánicamente (no sólo en la retórica,
sino por todos los medios expresivos del actor) y son capaces de
llevar al espectador a ver la realidad de una forma nueva. Una realidad
artística es, por eso, capaz de producir conocimiento.
El contacto con visiones de realidades no cartesianas, no mecanicistas
ni deterministas, permitió a Antunes llevar adelante antiguas
teorías y técnicas de sus maestros. Las transformó
y adecuó al universo en continuo movimiento -el continuum
espacio-tiempo de Einstein- donde todo integra la compleja red de
relaciones de un todo unificado, y el pasado, el presente y el futuro
son abstracciones despojadas de sentido.
Comenzó la andadura hacia ese conocimiento de lo "real"
con el budismo zen, radicalizando la "lucha de los opuestos"
en la imagen de la polaridad yin y yang, que hace que las cosas
materiales e inmateriales se confundan en la danza cósmica.
La dinámica del proceso le llevó a la psicología
analítica de Jung, y estableció el inconsciente colectivo,
territorio de los arquetipos, como campo ideal para la investigación.
El inconsciente colectivo produce una pulsación constante
en el interior de la realidad cotidiana, objetiva y concreta, la
impregna de "irracionalismos" que la psicología
personal, freudiana, no alcanza. Con la filosofía de las
religiones, a través de Mircea Eliade, Antunes comienza a
percibir y a lidiar con las matrices arcaicas que la psicología
de Jung ambienta en el inconsciente colectivo.
EN DESEQUILIBRIO
El entrenamiento del actor en el CPT ocupaba cerca de diez horas
diarias, siempre con la idea de una realidad en la que las cosas
son y no son, al mismo tiempo. Al actor sólo le quedaba la
opción de los clichés o la visión estática
de la realidad, convertida en estereotipos, porque el proceso extremadamente
dinámico le atropellaba.
Se evidenció que la investigación de medios expresivos
debía correr paralela al trabajo de autoconocimento. Y que
el actor debe esforzarse por conocerse para fingir que es el otro
e imitarlo con arte, permitiendo al espectador el goce del pensamiento
estético. Para eso necesita, también, dejar el cuerpo
absolutamente disponible, libre de tensiones innecesarias que bloquean
la expresión y desatan la ansiedad.
El trabajo corporal siempre se destacó en el CPT. En la fase
primitiva, cuando el montaje de Macunaíma, había un
ejercicio central, el anti-gesto, que consistía en hacer
el gesto opuesto al que se afirmaba. Por medio del anti-gesto, se
realizó una gran investigación acerca de la realidad
del indígena, pasando por la convivencia con los habitantes
de una aldea, la siembra de semillas, la pesca y los rituales, pero
centrando la observación sobre el tempo del indio. Una noción
del tiempo absolutamente distinta de la que tenemos nosotros, "civilizados"
occidentales, y que terminó influenciando significativamente
el propio lenguaje de Macunaíma.
El paso siguiente del CPT, en ocasión del montaje de Nelson
Rodrigues, O Eterno Retorno, unión de cuatro piezas del mayor
dramaturgo brasileño en un espectáculo, fue el inicio
del trabajo con los arquetipos y el inconsciente colectivo. Ese
nuevo conocimiento propició que el trabajo corporal avanzara.
El anti-gesto fue sustituido por el desequilibrio, el ejercicio
que mejor caracterizó la ideología del CPT e impulsó
la investigación.
El desequilibrio se da en dos momentos: el primero es muy rápido
y consiste en un movimiento de caída. El actor se tira al
frente hasta el punto en que evita la caída completa y, a
partir de ahí, se mueve en desequilibrio. Ese primer momento
fue llamado "quiebra", por implicar una repentina y poderosa
alteración de la conciencia a merced del violento desplazamiento
en el espacio, equivalente a una corrida.
La "quiebra", en verdad, da el impulso para el movimiento
en desequilibrio: totalmente desestructurado física y psicológicamente
por la quiebra, el actor inicia su reconstrucción. De pie
localiza el eje y, sutilmente, con un balance hacia el frente y
hacia atrás, encuentra el punto de desequilibrio, o sea,
una inclinación que le hará andar en busca del equilibrio.
Y se mueve en el espacio en suave desequilibrio, procurando restablecer
la posición del eje inicial, el equilibrio, sin usar la fuerza
auto-motora, obedeciendo apenas las leyes naturales de la física.
Si con una leve inclinación al frente se desvía en
esa dirección, va a parar usando una contra-fuerza, o sea,
un leve desplazamiento del tronco atrás.
El movimiento se realiza plenamente cuando el actor tiene absoluto
control de las tensiones físicas; o por el contrario, sólo
se moverá con mucho esfuerzo, que contraría la naturaleza
del ejercicio. En este caso, debe localizar el punto de tensión,
que normalmente está en las piernas, las rodillas o los hombros,
pero que puede estar también en otras partes. Una vez localizado,
debe eliminar la tensión, liberando el flujo de las energías.
"Lo que predomina en nuestros escenarios es el actor técnicamente
no preparado, carente de recursos, víctima de los propios
músculos-tentáculos que angustiosamente le amordazan",
dice Antunes en el artículo "Ser y no ser/ He aquí
la solución".13 Y alerta enseguida: "No son los
músculos los que deben representar, y sí el espíritu,
sin empujones o rempujones internos". Este es uno de los innumerables
registros de sus censuras a los actores que sustituyen la sensibilidad
por los músculos. Y esos actores (la mayoría de los
profesionales activos en Brasil) creen que están representando,
cuando apenas exhiben en escena sus ansiedades.
Para Antunes la ansiedad es una de las mayores trabas para el desarrollo
del actor. Ella puede tener su origen tanto en un proceso psicológico
como físico. La expectativa de fracaso, por ejemplo, puede
llevar al sujeto a la ansiedad. Así como una respiración
deficitaria o mal hecha, lo lanza inmediatamente en brazos de la
ansiedad. Al andar, si encoge los hombros o endurece las rodillas,
típicas tensiones innecesarias que traban el movimiento,
el actor cae inmediatamente en ese estado.
En la secuencia de trabajo, el desequilibrio se desdobló
en otros ejercicios, como la burbuja, el funámbulo, la locura,
etc. Cualquiera de esas variantes tiene el objetivo de propiciar
al actor un control permanente de las tensiones en medio de las
diversas situaciones y condiciones dramáticas. La materia
y el espíritu no son cosas separadas. El cuerpo es la caja
de resonancia y no puede incidir en su movimiento ninguna tensión
inútil, ansiedad o emoción bruta, pues bloquea fatalmente
el libre flujo de las energías. Por medio de la sensibilidad,
el propio cuerpo del actor se organiza para permitir el flujo de
informaciones, emociones, pensamientos, que agitan al personaje
y le ayudan a diseñarlo en escena.
La polaridad yin y yang se trabaja a través de la respiración.
Inspirar en el punto inicial, eje, junto con el primer paso; al
tocar el pie en el suelo, expirar de una sola vez. Inspirar nuevamente
para subir el tronco. Inclinado por el primer paso, dar el segundo
paso, y nuevamente al pisar el suelo expirar, sólo que ahora
poco, y cada vez que uno de los pies toca el piso, hasta agotar
la energía propulsora generada por el desequilibrio.
Esa construcción metódica del movimiento se realizaba
con la práctica de diversos ejercicios, considerando el desequilibrio
un principio básico para la acción. Al estudiar un
personaje, el actor utiliza todos esos instrumentos en el entonces
denominado "banco aéreo", que sería el descanso
en que el actor no tiene un control conciente de los estímulos,
al entrar en un estado gaseoso y promover la integración
de sí mismo con la naturaleza y el cosmos.
La actividad del "banco aéreo" presupone que el
actor ha conquistado el desequilibrio, calmado y dominado el ego,
para que este no interfiera en el flujo de energía con fantasías
y ansiedades. El "banco aéreo" depende también
de que el actor haya concluido un buen análisis intelectual
del personaje y establecido las diversas fases de evolución
del drama. El actor estará entonces lidiando de modo complementario
con los contrarios: en la estructura racional, cartesiana, abre
un espacio para lo inesperado y lo sorprendente a través
del desequilibrio. Estará receptivo y listo para captar la
"verdadera lluvia de átomos de estímulos que
parten del exterior hacia dentro o de su propio interior",
como decía un manual del CPT.
Posteriormente no se habló más del "banco aéreo",
porque el conjunto de sus procedimientos se fue distribuyendo por
diferentes fases del proceso, y la investigación específica
del personaje pasó a ser denominada "performance".
De cualquier modo, en esta fase la dinámica de la investigación
une conceptos diferentes y hasta opuestos, siempre buscando sentido
para la acción desencadenada. Pero es el actor quien conduce
todo el proceso. Debe estar preparado para hacerlo intelectual,
espiritual y físicamente. Y si lo estuviere, es el narrador
con la capacidad de actualizar gestos primarios. Es el demiurgo,
que crea mundos y los deshace enseguida para recrearlos de otro
modo. Es un poeta. Es Shiva.
EL SALTO CUÁNTICO
Por fin, la nueva física, particularmente la teoría
cuántica, ofreció instrumentos ideales para la aprehensión
de la realidad. Hasta entonces, el sistema creado por Antunes en
el CPT presentaba dificultades para la perfecta integración
del actor con los acontecimientos escénicos. El pensamento
cartesiano todavía actuaba fragmentando la escena, separando
los elementos de interés dramático y descaracterizando
la idea de la inseparabilidad de las cosas. Fue cuando, al leer
O Tao da Física, de Fritjof Capra, que hace un paralelo entre
la nueva física y el misticismo oriental, Antunes encontró
la partitura perfecta.
Ya trabajaba en el ámbito del budismo zen, del taoísmo
y del hinduismo, vinculándolos a la dialéctica materialista
en maravillosa contradicción metafísica. También
exploraba el pensamiento de Jung, que presenta el inconsciente colectivo
como un mar de arquetipos, donde la conciencia se sumerge en busca
de la muerte, para el renacimiento. Ahora, con la nueva física,
descubre instrumentos valiosos para derribar las últimas
barreras cartesianas: tres de los principios fundamentales de la
interpretación de la teoría cuántica: probabilidad,
incertidumbre y complementariedad.
El principio de la probabilidad nació de la conclusión
de Niels Bohr, después de estudiar la naturaleza estadística
de la mecánica cuántica, de que "las leyes de
la naturaleza determinan no la ocurrencia de un evento, sino la
probabilidad de que un evento se verifique".14 Para Werner
Heinsenberg este fue "un paso decisivo para ir más allá
de la física clásica", colocando serias restricciones
a uno de sus fundamentos: el determinismo.
Heisenberg profundiza la ruptura con la física clásica
al formular el principio de la incertidumbre, cuando buscaba entender
a través de pesquisas y experiencias cómo un electrón
puede comportarse a veces como partícula, y otras como onda.
Constató la imposibilidad de medir con exactitud el electrón,
porque él interactúa con el observador. Prevalece
la naturaleza estadística de la mecánica cuántica,
siendo inherente la incertidumbre cuando se mide la posición
y el momento, en un instante específico.
El descubrimiento de Heisenberg abrió el camino para que
Niels Bohr estableciera el principio de complementariedad, también
a propósito de la naturaleza ondulatoria y corpuscular de
la luz, al fijar "la necesidad de dos lenguajes correspondientes
a dos tipos de pensamiento (clásico y cuántico) y
a los niveles de realidad".15
Para entender, grosso modo, la introducción de esos principios
en el sistema del CPT, en su tiempo, hay que remitirse al "banco
aéreo", cuando el actor en desequilibrio y con la planificación
hecha, comienza a investigar el personaje, de acuerdo con las situaciones
propuestas por el texto. Los principios de probabilidad y de incertidumbre
(como idea, o como imagen) se manifiestan a través del permanente
cuestionamiento del actor, que busca la comprensión a través
de los diferentes modos de ver el objeto, y lo auxilian en el esfuerzo
de huir del estereotipo, al liberarlo de la camisa de fuerza de
la causalidad a favor de la indeterminación.
En desequilibrio, y sujeto a la "lluvia de átomos de
estímulos que parten del exterior hacia dentro o de su propio
interior", el actor puede deslindar aspectos importantes y
sorprendentes del personaje en esa situación. Se coloca así,
con pertinencia, la relación observador/objeto observado.
Se da la "acción recíproca no despreciable"
entre el actor y el personaje, que incluye aspectos inefables, espirituales,
más allá de las posibilidades analíticas o
racionales explícitas del texto. Esto significa que, con
la aplicación de los principios de incertidumbre y de probabilidad,
el actor o la actriz pueden escapar de la esfera cartesiana, determinista,
y abrirse a lo imprevisible, a nuevas formas de aprehender la realidad.
El principio de complementariedad exige siempre el uso de "dos
lenguajes correspondientes a dos tipos de pensamiento" y amplía
la acción investigativa, posibilitando sus desarrollos simultáneos
por campos opuestos. Un ejemplo de aplicación de la complementariedad
en el método de Antunes Filho es el empleo de la psicología
personal, freudiana, de modo complementario a los arquetipos, y
al inconsciente colectivo de la psicología analítica
de Jung que, todavía, domina el proceso.
EL COMEDIANTE
Las fases sucesivas de la construcción del método,
resumidas hasta aquí, desembocan en el período de
sistematización (1997-98). Más de un año de
trabajo diario propició decantar, sintetizar y definir los
procedimientos técnicos descubiertos hasta entonces.
Los ejercicios se transformaban y se convertían en otras
cosas. El desequilibrio, por ejemplo, dejó de existir como
ejercicio autónomo, aunque sigue presente en todo el trabajo
corporal y vocal sistematizado. Ejercicios, como "caminata",
"funámbulo", "locura", sintetizan las
varias fases del desequilibrio. También "banco aéreo"
y "performance" ya no son usados, aunque sus propiedades
permanezcan en nuevos procedimientos.
Una imagen creada por Antunes Filho para "explicar" el
proceso, que después fue abandonada y olvidada en el CPT,
continúa siendo bastante significativa e ilustrativa de la
idea. Habla de un gran hueco abierto en el suelo, lleno de vísceras,
humor, excrementos, semillas y fetos, junto al cual se halla la
Gran Madre. El actor está sobre ese hueco, preso de varillas
que la Gran Madre manipula. La varilla principal está fijada
a su espina, a la columna vertebral, y comanda movimientos estratégicos
del cuerpo. Varillas auxiliares le mueven las muñecas y el
maxilar, y conducen los movimientos de los brazos y de la cabeza.
Eso significa que el actor no necesita hacer nada, apenas entregarse
a la Gran Madre y ella lo hará todo.
Pero, para verticalizar la escena, el actor necesita pedir ayuda
al "Leonardo" (inspirado en Leonardo da Vinci), que reside
en la región del plexo. Y es Leonardo con su control remoto
quien "diseña" el personaje en el cuerpo del actor.
Las figuras de la Gran Madre y Leonardo implican la postura del
actor, semejante a la "no-acción" de la filosofía
oriental. Decir que él "no hace nada" es y no es
verdad, porque él se coloca como marioneta y manipulador,
al mismo tiempo. Permanece atento, controla la acción dramática,
pero sin intentar hacer el personaje, sin intentar representar.
La elaboración intelectual ya está hecha, la programación
del personaje se incorpora a la acción escénica, y
el actor se deja conducir por las energías despertadas, desbloquea
el cuerpo para que los flujos no se interrumpan. Parece, de hecho,
manipulado por las varillas de la Gran Madre, y sus expresiones
fluyen con la delicadeza de una pintura hecha por capas muy tenues,
a veces imprecisas, que dicen algunas cosas y sugieren otras tantas.
El intérprete que se guía por el método de
Antunes se enfrenta con pensamientos e imágenes pero lo hace
sobre una base segura, sin que lo arrastre la fantasía. En
la creación poética se llega a un nivel equivalente
al de las partículas elementales cuando se rompen las defensas
y los condicionamientos culturales, que nos obligan a interpretar
el mundo según patrones aceptados y condicionados como "verdaderos".
Y para que se rompan defensas y condicionamientos es necesario mucho
rigor, mucho conocimiento.
El actor o la actriz necesita cambiar el paradigma, el modelo a
que está condicionado culturalmente, y dejarse conducir por
estímulos en un movimiento de desequilibrio. Así conseguirá,
tal vez, desarrollar una nueva escritura corporal, que conduzca
a las realidades sugeridas por la nueva física y por las
místicas orientales, y que actualice en su cuerpo cuestiones
relacionadas con el inconsciente colectivo. Será entonces
el señor de la escena. Aquí está la esencia
del método de Antunes Filho.
Notas
1 Guy Besse y George Politzer: Principios Fundamentais da Filosofia.
Trad. João Cunha Andrade, Hemus, Sao Paulo, s/f. [En español:
Cursos de filosofía; principios elementales, principios fundamentales,
Libros y Ediciones, México, D.F., 1964. N. de la R.]
2 Ibid.
3 Antonin Artaud: "O Teatro e a Peste", O Teatro e Seu
Duplo, Trad. Teixeira Coelho, Max Limonad, São Paulo, 1984.
[En español: El teatro y su doble, Editorial Sudamericana,
S.A., Buenos Aires, 1977, entre otras. N. de la R.]
4 Antonin Artaud: "O Teatro de la Crueldade" (Segundo
Manifesto), Ob. cit. p. 156.
5 "O Teatro y la Peste", Ob. cit., p. 36.
6 "O Teatro y la Cultura", Ob. cit., p. 21.
7 "Um Atletismo Afetivo", Ob. cit., p. 163.
8 Denis Diderot: "Paradoxo Sobre el Comediante" (Paradoxe
sur le Comédien), Trad. Jacó Guinsburg, Diderot /
Textos Escolhidos. Abril Cultural (Col. Os Pensadores), São
Paulo, 1979, p. 164. . [En español: La paradoja del comediante,
Aguilar, Madrid, 1964, y en Antología del teatro europeo
III, El teatro de la Ilustración en Inglaterra y en Francia,
Edit. Pueblo y Educación, La Habana, 1988, pp. 51-96. N.
de la R.]
9 Eugen Herrigel: "Introducción", A Arte Cavalheiresca
del Arqueiro Zen (Zen in der Kunst des Bogenschiessens). Trad. J.
C. Ismael. Pensamento, São Paulo, s/d, p. 10.
10 Ibid., p. 74.
11 Iluminación suprema, que Suzuki define para la comprensión
occidental: "Psicológicamente hablando, el satori consiste
en una trascendencia de los límites del ego". "Introducción",
Ibid., p. 11.
12 Bertolt Brecht: Teatro Dialético. Seleção
e introdução de Luiz Carlos Maciel, Civilização
Brasileira, Rio de Janeiro, 1967, p.100.
13 Publicado en el programa de lanzamiento de Prêt-à-Porter.
14 Werner Heisenberg: "A Descoberta de Planck e os Problemas
Filosóficos da Física Atômica", Problemas
da Física Moderna (Discussione Sulla Física Moderna),
Trad. Gita K. Guinsburg, Perspectiva, São Paulo, 1990, p.
16.
15 Victor Weisskopf: Revolução dos Quanta (La Révolution
des Quanta). Trad. Maria Margarida S. V. Correia, Terramar,
Lisboa, 1990, p. 18.