|
|
Considerado
por muchos como el poeta vivo más importante de la lengua española,
Ernesto Cardenal ha sido también, en su condición de místico
y de revolucionario, testigo singular del siglo veinte latinoamericano.
Desde que en los años sesenta se convirtiera, junto con el chileno
Nicanor Parra, en una de las "presencias tutelares" de nuestra
poesía -para tomar en préstamo el calificativo que Benedetti
otorgara a Vallejo y a Neruda-, la obra de Cardenal no ha cesado de
crecer y de adquirir una dimensión excepcional. Si bien el autor
de "Oración por Marilyn Monroe" se ha mantenido fiel
a ciertas preocupaciones y a un tipo de quehacer poético que
él mismo define como exteriorista, más cercano
a la imagen que a la metáfora, lo cierto es que de sus epigramas
al Cántico cósmico -por mencionar dos polos bien
definidos- media, aparte de las diferencias evidentes, la distancia
enorme que significa arriesgarse, pisar sobre un terreno aún
sin transitar. En ese sentido, Cardenal escribe cada libro como si fuera
el primero y el último.
Augusto Monterroso ha contado que cuando los exiliados latinoamericanos
se reunían en México, invariablemente terminaban hablando
sobre la situación política y exhibiendo cada uno su propio
destino.
E invariablemente eran interrumpidos por una explosión de Cardenal:
"¡Hablemos de literatura!" También ha contado
Monterroso que el autor de tal exabrupto fue, a la postre, el más
politizado de todos. De hecho, esa (falsa) paradoja fue la que inspiró
el muy citado epigrama: "Me contaron que estabas enamorada de otro
/ y entonces me fui a mi cuarto / y escribí ese artículo
contra el Gobierno / por el que estoy preso." No es raro entonces
que en los últimos años Cardenal, fiel a esos curiosos
itinerarios, haya abandonado el territorio de la poesía para
adentrarse en el de las memorias. Vida perdida, Las ínsulas
extrañas y La revolución perdida son, a la
vez, la historia de una vida y la de un tiempo turbulento, contadas
por alguien que se considera "soldado derrotado de una causa imbatible".
Dedicar una Semana de Autor a la figura y la obra de Ernesto Cardenal
no busca tanto, como suele decirse, honrarnos con la presencia de una
de las voces más sobresalientes de la literatura latinoamericana,
como escuchar y dialogar con ese poeta, ese místico y ese revolucionario
cuya fe en tantas cosas y en la palabra parece reescribirse cada día
a contrapelo de la historia.
Somos
polvo de estrellas
Intervención del escritor nicaragüense en la inauguración
de la Semana de Autor, en la Casa de las Américas
|